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Arrecian las críticas de los reaccionarios españoles

Breve respuesta a las críticas suscitadas por el artículo Carod Rovira: un colonialista depredador

Er. Quito se reafirma en sus posiciones ante los ataques de los neofeudalistas hispanófobos

Jueves 26 de marzo de 2009, por ER. Quito


El pasado día 14 de marzo, la corresponsalía que El Revolucionario mantiene desde hace años en la capital de la República del Ecuador, publicaba un artículo titulado Carod Rovira: un colonialista depredador, en el que se sometía a crítica la visita del político neofeudalista e hispanófobo Joseph Lluis Carod Rovira. En nuestro escrito, referíamos el espurio objetivo de este nacionalista fraccionario español: tras la excusa de donar un millón de euros con el fin de proteger las lenguas indígenas, este renegado no hace sino continuar, fuera de la Madre Patria, la persecución lingüística que su gobiernito regional lleva desplegando desde hace años contra la lengua española, y de la que son víctimas, además de los propios españoles, los hijos de nuestros compatriotas, que al llegar a la misma España que nos incorporó a la Historia Universal, se ven sometidos a una política digna de la Alemania nazi.

Desde el comienzo del trabajo de ER. Quito, como todo aquel que haya seguido nuestra producción sabe, esta corresponsalía ha mantenido con firmeza una línea crítica acorde con el sistema que sustenta El Revolucionario, es por ello que resulta extraña la gran controversia que ha provocado el citado escrito, un verdadero aluvión de críticas que van del elogio al insulto, y que pasamos a analizar de forma somera:

Poco hemos de decir de las críticas laudatorias, pues no nos mueven motivos narcisistas, si bien hemos de aclarar que en algunos casos, tras las alabanzas, se aprecia cierta visión paternalista desde España, actitud que no podemos admitir, pues ser ecuatoriano no es un mérito añadido, debido precisamente a que la pertenencia de nuestra nación al proyecto hispano, incorporó a los antaño españoles de acá, ecuatorianos hogaño, a las más potentes líneas civilizadoras, lo que permitió que las etnias que ahora trata de disecar y mantener en la barbarie Carod a base de euros, se disolvieran en la ciudadanía política de la República hace casi doscientos años. Ecuador, hemos de reiterarlo, antes integrado en el Virreinato de Nueva Granada, nunca fue una colonia, ni confinó a los indígenas en jaula alguna, aunque esta fuera de oro como la que ofrece el emisario del gobierno separatista catalán.

En cuanto a las críticas negativas, trufadas de insultos, indefiniciones y, ¿por qué no referirlo?, de sonrojantes faltas de ortografía propias de zagales sin escolarizar, éstas acusan las mismas desviaciones ideológicas que sostienen al faccioso protagonista de nuestras líneas y a su masa de votantes.

La mayoría de ellas están cautivas del fundamentalismo democrático contra el que El Revolucionario combate. Para esta turba cursi, que apela constantemente a la “sensibilidad”, todo estaría, al parecer, justificado si hay urnas de por medio. Huelga buscar de nuevo las analogías con la Alemania de los años treinta.... Se observan, además, en sus invectivas, otros vicios como la confusión interesada entre estado y nación. Para ellos no existe España, ni probablemente Ecuador, en tanto que naciones, concepto que reservan para lo que denominan Catalunya (sic), palabra que sustituye en sus mensajes en español a la española palabra Cataluña. Dicha nación, hasta ahora invisible en la escena inter-nacional, partiría, según su falsaria historiografía, en 1714, cuando el rey Felipe V comenzaría a acabar con los más rancios rescoldos del Antiguo Régimen tan añorado, al parecer, por estos reaccionarios neofeudalistas. Desde este rincón de Hispanoamérica nos apresuramos a decir que ese tal Felipe V, también era soberano de Nueva Granada, y a nadie en nuestra Nación se le ocurre atribuirle los males actuales del Ecuador.

Por último, cabe referirse, por restablecer de nuevo la conexión alemana de estos deslenguados, a otro de los mitos en que anda enzarzado este descarado colectivo. Nos estamos refiriendo, claro está, al Mito de la Cultura que allá por el siglo XIX brotara en tierras germánicas, mal nefando que alienta su proceder faccioso en cuyo apoyo acude otro concepto no menos oscuro: el de la identidad.

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SUPERPROGRE
Escúchese muy bien: no toda la izquierda en América se traga el cuento estúpido de la sensibilidad posmoderna del progre europeo, ni su solidaridad lúdico-rebelde indigenista, ni su indocto anti-españolismo. Acá, en Ecuador, en Argentina, en Colombia y en México hay también racionalistas materialistas y dialécticos.

Desde El Revolucionario y desde América, hemos de afirmar, sin ambigüedades ni titubeos, que no nos desdecimos ni tan siquiera de una coma de lo afirmado ni en este y ni en los artículos precedentes, y que seguiremos trabajando por la construcción de una izquierda revolucionaria en lengua española, que por ende, tiene que salir al paso de las acciones del depredador Carod y de sus fanáticos seguidores.


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