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También ellos quieren disfrutar de la vida

Protestantes españoles ponen en marcha una campaña de autobuses alternativa a la de los ateos

La campaña atea lo único que está consiguiendo es fomentar el teísmo

Jueves 15 de enero de 2009, por ER. Madrid

Lema: «Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo»

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Propaganda protestante de consumo masivo
Ateos vergonzantes y creyentes fideístas compiten a ver quien la tiene más sugerente

El ateo Lenin tenía razón: la propaganda atea lo único que consigue es fomentar la religión. Y esta es la consecuencia de la vergonzante campaña de los ateos. A su lema «Posiblemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida» los protestantes madrileños del Centro Cristiano de Reunión (Fuenlabrada) encabezados por el pastor evangélico Francisco Rubiales han costeado una campaña que durará hasta finales del mes de marzo. Haciendo gala de su tradición, los herejes se muestras tolerantes y piensan competir en el mercado publicitario de las ideologías poniendo la suya también en el escaparate.

El ciudadano madrileño podría encontrarse así, si llega —como se ha anunciado— a Madrid la campaña atea ensayada en Barcelona, con un mercado en el que podrá elegir en qué busca su felicidad: en el posible ateísmo, Dios, la Coca-Cola, la práctica efusiva del coito, llamar a su familia desde el móvil por menos de cinco céntimos el minuto, jugar a las videoconsolas o todo un sinfin de bienes y servicios dispuestos para el comprador que quiera y pueda adquirirlas.

Una cosa diferencia a esta campaña piadosa de la impía: no es vergonzante. Mientras que los ateos parecen no estar seguros de su ateismo («probablemente») los cristianos protestantes parecen estar completamente seguros de su fe y su Biblia y no temen proclamar que Dios sí existe. Todos parecen coincidir en querer disfrutar de la vida. Acaso unos canallamente disfrutando de la cacharrería electrónica que nos facilitan las grande superficies y otros engolfados en su Biblia creyendo que sólo en ella está la Salvación. Pero todos coinciden en apelar a los sentimientos y utilizar el mito de la felicidad para sus fines.

Decía Benito Espinosa que las ideas erróneas se siguen unas a otras con la misma lógica que las ideas verdaderas. Pues algo así parece pasar con estas campañas que van camino en convertirse en una competición a ver quién inventa la próxima estolidez con la que atormentarnos. Unos se contestan a otros y así se pasan la vida felices ellos creyendo que van a sacarnos de nuestro funesto error y conducirnos a aquello que nos da la felicidad.

La campaña de los ateos vergonzantes ha conseguido no que la gente deje de creer en Dios y reniegue de las supersticiones, se dé a la filosofía o a las ciencias, sino que ha dado alas al teísmo fideísta que puede responder públicamente reconociendo que lejos de vivir atormentados por ser religiosos, su existencia parece bien feliz. No por nada se sienten salvos.

Frente a ellos El Revolucionario reclama la necesidad de plantear estas cuestiones de un modo serio y racional. Compartimos la máxima de Voltaire: «No quiero ser feliz a costa de ser imbecil». Añadimos nosotros: a costa de ser imbecil ateo o creyente. En la tremenda crisis económica que está viviendo España la decencia debiera impedirnos malgastar el dinero en estas tonterias.


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