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Uruguay, última en la lista de The Economist de las democracias completas

Sábado 6 de enero de 2007

La revista The Economist, uno de los voceros más reconocidos mundialmente del Imperio realmente existente, los Estados Unidos del Norte de América, en su visión del mundo para este recién estrenado año 2007, ha elaborado, en un alarde de fundamentalismo democrático, una lista de todos los Estados soberanos de la Tierra clasificándolos según sus «índices de democracia». Por supuesto, los criterios para elaborar esa clasificación los ha establecido la propia revista, según el grado que ellos estiman que cada nación política ha desarrollado con respecto a cinco cuestiones: libertades civiles, pluralismo en el proceso electoral, participación política, funcionamiento del Gobierno, y «cultura» política. No sólo el fundamentalismo democrático, sino también el mito de la cultura han influido a la hora de elaborar esta sectaria clasificación.

La República Oriental del Uruguay se encuentra en el puesto 27, es decir, en el último lugar de los Estados que The Economist ha denominado democracias completas —también The Economist ha dividido a los Estados en democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios—. En una escala del 0 al 10, Uruguay obtiene una puntuación de 9.71, siendo para The Economist el tercer país iberoamericano en esa lista de privilegiados por una de las tribunas de opinión más influyentes del Imperio (tras España y Costa Rica, que ocupan el puesto 16 y 25 respectivamente). Los cuatro primeros puestos, los que obtienen una puntuación de 10, los ocupan, en este orden, Suecia, Islandia, Holanda y Noruega, curiosamente plenas sociedades de mercado pletórico, con un Estado del Bienestar más que consolidado, con una mayoría religiosa protestante y cercanos al campo de influencia del Continente Anglosajón. De hecho, los 15 primeros países (salvo Irlanda) son naciones políticas con una mayoría religiosa protestante, «la versión burguesa del capitalismo», como Marx afirmó en El Capital (estos países son, además de los cuatro primeros ya citados: Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Australia, Canadá, Suiza, Irlanda, Nueva Zelanda, Alemania, Austria y Malta).

Con esta clasificación The Economist pretende que Uruguay suba en sus niveles de democracia para dejar de ser los últimos de los primeros, o lo que es lo mismo, influir en la división que existe en el seno del Gobierno del Frente Amplio en torno a la cuestión de adherirse o no a un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, principal país receptor de las exportaciones uruguayas. De esta manera, los líderes de opinión estadounidenses aportan su grano de arena a la disensión interna de un Gobierno de coalición de diversas generaciones de izquierdas (comunistas, socialdemócratas) que en Uruguay ha derivado hacia un maremagno imposible de izquierda indefinida en el poder.


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