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España, fuera del G-8, del G-20 y de cualquier grupo de importancia internacional

Lo que el PSOE se merece

El socialfascismo español sólo despierta adhesiones entre naciones insignificantes

Viernes 24 de octubre de 2008, por Grupo Promacos

Durante muchos años, los representantes de la viscosa socialdemocracia en España han abanderado la idea de España como una nación cuya Historia debería avergonzar a los españoles actuales, llena de matanzas y genocidios, en la línea de la Leyenda Negra antiespañola. En consecuencia, España debería ser considerada una nación secundaria (una «potencia media», según los opinólogos oficiales del régimen) y digna de los mayores desprecios, que por el bien de la humanidad habría de disolverse en una comunidad de regiones europeas.

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La soledad de Zapatero
Un tópico muy repetido que humilla al socialfascismo fuera de nuestras fronteras

Esas ideas de considerar a España una nación de segunda fila, insignificante y de repugnante Historia, atribuyendo al franquismo más retrógrado su exaltación, han sido difundidas con profusión durante años. Es significativo que la propia televisión pública, TVE, lo haya hecho con tanto ahínco por medio de teleseries como Cuéntame como pasó o Amar en tiempos revueltos, verdadera telebasura fabricada que constituye uno de los pilares básicos de la memoria histórica.

Asimismo, durante la pasada legislatura, Rodríguez Zapatero confesó que España es un concepto discutido y discutible, que los terroristas de ETA, autores de tantos crímenes contra España, eran «hombres de paz» y propugnó la estupidez idílica de una Alianza de Civilizaciones. Todo con el telón de fondo de una Europa en la que España, por el bien de la humanidad, habría de disolverse en pequeñas naciones que harían olvidar los siglos de oscurantismo y decadencia a los que la condenó el belicismo malévolo del Imperio español, de Carlos V a Franco.

Y, curiosamente, cuando el PSOE y su Presidente Rodríguez Zapatero logran culminar sus más firmes principios, es decir, la postración de España y su reducción a un nivel tal que los países con los que se relaciona tienen la misma ridícula entidad que los que reconocen a Taiwan, el socialfascismo monta en cólera y protesta por esa situación. ¿Pero acaso no deberían alegrarse de haber logrado la plena realización de sus más firmes deseos?

Sin embargo, desde el Grupo Promacos hemos de entender las protestas del PSOE no como un lamento por la situación coyuntural en la que se encuentra España, sino como prueba de que la socialdemocracia no logra sus objetivos de mandar en el mundo. El Partido Popular en tiempos de Aznar logró una alianza importante con Estados Unidos en los momentos previos a la Guerra de Iraq que dejaba postrada a la socialdemocracia, que hubo de inventar la agitación del ¡No a la Guerra! para desequilibrar la balanza.

Una vez desmontada esa alianza, la socialdemocracia española no ha hecho sino caer en el más absoluto de los ridículos a la hora de establecer alianzas alternativas: sumisión a una Francia venida a menos, desprecio de Alemania, ninguneo del todavía presidente del Imperio realmente existente, Jorge Bush II, &c. La puntilla la ha dado un Nicolás Sarkozy que ha agradecido la sumisión de España dejándola totalmente reducida a una colonia francófona.

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Bush seguido de ZP
Tras faltarle al respeto al Imperio, el PSOE ha intentado desesperadamente una servil reconciliación

Por eso mismo, es intolerable que los opinólogos a sueldo del PSOE hayan salido en defensa de su amo lanzando sus habituales dardos contra el PP, al que han acusado de escaso patriotismo. Independientemente de la deriva secesionista que han adoptado los populares, no puede pasar de chiste acusar a un partido de poco patriota por criticar la errática política del PSOE en materia internacional, desde la famosa humillación a la que sometió Zapatero a la bandera de Estados Unidos antes de ser presidente del gobierno de España, pasando por la retirada de las tropas de Iraq y el apoyo fallido a Juan Kerry en las elecciones de 2004.

La insignificancia que tiene el gobierno socialista de España en la actualidad no supone insignificancia de España más que coyunturalmente, en tanto que hay otras realidades que, para bien o para mal, no dependen del actual gobierno: los 400 millones de personas que hablan español en el mundo, la Historia que permite las relaciones trasatlánticas con Hispanoamérica, &c. Pero un gobierno que no cumple con las más elementales normas de la eutaxia, del buen gobierno en definitiva, puede conseguir que lo que es una situación coyuntural se torne en un desastre irreversible, y que esa misma Historia toque a su fin, esta vez para mayor gloria no del socialfascismo, sino de terceras naciones enemigas de España.


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