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Cree en un Dios «bondadoso y alegre»

El arquitecto supremo de Javier Fesser

Un ateo privativo critica al Opus Dei en su película «Camino»

Lunes 20 de octubre de 2008, por Grupo Promacos

La película «Camino», recientemente estrenada en las salas españolas de cine, narra la historia de la niña Alexia González Barros, fallecida a los catorce años tras una larga enfermedad y en proceso de beatificación. En sus declaraciones a los medios, el director del filme, Javier Fesser, está convencido de haberse quedado corto en sus críticas al Opus Dei, y no ha dudado en afirmar que «Cuanto más veo la película, más claro tengo que el Papa debería recomendarla».

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Javier Fesser
Un ateo privativo que no puede vivir sin usar el nombre de Dios

Es muy habitual que los críticos de la religión católica señalen el camino —y nunca mejor dicho, en este caso— que el catolicismo debería seguir para ser una religión más auténtica, menos «fanática». Talante tan pretencioso y soberbio sería incomprensible en quien dice mantener su vida al margen de la religión católica; simplemente se declararía ateo negativo y no se preocuparía más por tales asuntos.

Sin embargo, Javier Fesser critica el fanatismo de la Iglesia católica, ejemplificado en el Opus Dei en esta película —el título es el mismo que el del libro escrito por el fundador de la obra corporativa, Escrivá de Balaguer—, porque en el fondo es un ateo privativo, alguien que vivió íntimamente ligado a la Iglesia católica y que pretende ahora mantenerse alejado de ella con constantes críticas.

De hecho, él afirma en declaraciones públicas que «La idea de Dios está presente desde el primer fotograma» de la película. Pero en este caso no como un ser del que dependen obras tan siniestras como el Opus Dei, sino como un ordenador supremo, el mismo que postularon los ilustrados en su «ateísmo cortés», que llena de alegría este mundo con su perfecta obra y no de fanatismo y tristeza. Así, la vida de Alexia se caracteriza por la alegría y porque muere enamorada, mientras otros, su más íntimo entorno, sólo desean la muerte y buscan su beneficio personal —la beatificación— a través del sufrimiento de su hija. Los aplausos tras el fallecimiento de Alexia y la dedicatoria que realiza el director al final del filme son sumamente significativos al respecto.

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Alexia según Javier Fesser
Si la cara es el espejo del alma, en este caso Fesser representa de forma inequívoca a una Alexia presa del fanatismo

No deja de ser cierto que la Iglesia católica, a la hora de beatificar, ha degenerado en sus cánones, santificando a niñas cuyo único mérito fue fallecer a causa de un tumor que no tenía curación posible, en lugar de usar a grandes doctores suyos, como en su día fueron los cánones de San Agustín o Santo Tomás. Eso evidencia que el catolicismo ha ido perdiendo de forma paulatina racionalismo y se ha vuelto más populista para atraer de otra forma a sus fieles, formando santos entre personas que no tienen méritos especiales para serlo, cánones para una humanidad católica que ha abandonado las iglesias por el fútbol o las sesiones de consumo masivo en el mercado pletórico de bienes.

Sin embargo, desde el Grupo Promacos no podemos dejar de criticar que determinados sujetos pretendan señalar otro camino alternativo a la Iglesia católica sin que sospechemos, cuando menos, que su vinculación a ella ha sido muy fuerte en el pasado, demasiado diríamos. No disponemos de datos al respecto, pero pocas veces se producen críticas al Opus Dei de forma tan furibunda si no se ha pertenecido a la obra anteriormente.

De hecho, Fesser, que confiesa presentarse «como un espectador neutral», no puede serlo en tanto que intenta orientar al catolicismo por los caminos que el propio director señala, considerados como de alegría frente a los del fanatismo del actual Papa. Si Fesser no estuvo ligado al Opus Dei ni a la Iglesia católica de forma íntima en otra época, resulta difícil de explicar tal obsesión por este caso particular, que como él mismo confiesa le llevó 20 años de su vida y cinco dedicado a la elaboración de la película. Un ateo negativo jamás le hubiera dedicado tanto tiempo, y menos lo hubiera hecho desde esa neutralidad impostada que no es sino declarado partidismo.


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