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El 12 de octubre en España plantea serios problemas para su conmemoración en la «Madre Patria»

Revolucionaria Hispanidad

Panorama español ante la fiesta de la Hispanidad

Viernes 10 de octubre de 2008, por Grupo Promacos

Las peregrinas razones alegadas por el Consistorio sevillano parecen fundarse en las luchas callejeras que podrían originarse entre gentes de «extrema derecha», que ya el año pasado en este día celebraron un acto de exaltación de la bandera de España junto a la Catedral, y gentes de «extrema izquierda» que pretenderían boicotearlo.

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Banderas de la Hispanidad
España parece querer suprimirse de este bello mosaico

Se renuncia cobardemente, en cualquier caso, a que, de ser ciertas tales amenazas de bronca juvenil, la fuerzas de seguridad de la ciudad puedan impedirlas y se celebren las fiestas que se tenían programadas.

Ahora resulta que la «extrema izquierda», o sea, los grupos de proetarras que pululan en cualquier parte del territorio español, y que no son otra cosa que vándalos consentidos, tienen poder suficiente para suprimir con su sola amenaza el acto que ya era tradicional en la Catedral de Sevilla en conmemoración del descubrimiento de América. Acaban, no está mal, con 45 años de existencia del único acto municipal para celebrar el 12 de octubre, el descubrimiento de América, el día de la Hispanidad.

Habrá quien diga que si la celebración data de 45 años, entonces su estirpe «franquista» la hace digna de supresión, a mayor gloria de la memoria histórica. Pero, por la misma razón, deberían suprimirse muchas otras instituciones de esa misma época que, sin embargo, bien se encargan los próceres del régimen democrático de camuflar: pensemos por ejemplo en la flamante Cultura, con el Premio Nadal, a cuyo prestigio no renuncian los ignorantes que dicen odiar a España, como últimamente el momiable Sánchez Ferlosio; y qué decir del «cine español», sintagma que debe ser el único en el que los socialfascistas antiespañoles aceptan el gentilicio.

Hasta la Casa del Rey se ha sumado este año al silenciamiento mediático de la Fiesta Nacional, —que muchos nombres tiene, como la diosa Atenea de nuestro Grupo Promacos— pues ha prohibido la presencia de periodistas en la recepción que el Rey celebra en el Palacio de la Zarzuela con este motivo. Esta prohibición es además especialmente ridícula por la excusa utilizada: problemas de espacio. Problemas de espacio va a tener el Rey, pero no precisamente dentro de su Palacio... sino en la misma Nación española cuya celebración «privada» no debiera censurar.

Y mientras estas cosas se conocen, el traidor Montilla, aquel que quiere reunir en su persona la presidencia de una Autonomía y la de la Nación catalana «por venir», acaba de terminar su visita oficial a México dando como titular que no celebrará el día de la Hispanidad. Le damos gracias. Precisamente ha sido en esa nación política, México, territorio que fue de Nueva España y no de Nueva Cataluña para desgracia del cordobés, donde este pobre diablo ha dicho que abrirá una «embajada» de Cataluña, como ya existe en Berlín, Londres y París.

Pero todo esto, para la izquierda hispánica revolucionaria, no son malas noticias.

Es la misma prohibición que se ejerce desde distintas instancias del régimen partitocrático lo que nos sirve de prueba de nuestra razón: defender la Hispanidad debe ser revolucionario cuando nos ponen tantas cortapisas todos los estamentos a una.

Si la Iglesia se desentiende de la celebración de una misa en Sevilla, mejor para quienes desde el racionalismo materialista no tenemos problemas en reconstruir símbolos.

Si los secesionistas traidores a la patria son consentidos por el Gobierno de España, mejor para quienes así «matamos dos pájaros de un tiro» desde la defensa de la Nación política que no tolera privilegios.

Y si el Rey renuncia a la Fiesta de la Nación española... ¿no es lo normal para un Borbón que ya ha visto a sus antecesores traicionar al pueblo cuando vienen mal dadas?

Nuestros amigos hispanos en España, como ya hicieran los años pasados, sí que celebrarán, seguramente bailando al ritmo de la mejor música popular del planeta, la Fiesta de la Hispanidad multiplicada por cada barrio de cada ciudad, a pesar de sus estúpidos gobernantes.


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