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¿Por qué tanta preocupación por una institución a la que dicen no pertenecer?

¿Derecho a apostatar?

El anticatolicismo socialfascista queda de nuevo de manifiesto

Lunes 6 de octubre de 2008, por Grupo Promacos

La reciente sentencia del Tribunal Supremo, con Margarita Robles a la cabeza, que ha dado la razón al Arzobispado de Valencia, en contra de otra resolución previa de la Audiencia Nacional relativa a la obligación, por parte de la Iglesia, a hacer constar los casos de apostasía en sus libros de bautismo ha venido causando, en los últimos días, una polémica extraordinaria.

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Enrique Sopena
Repugnante socialfascista que se escandaliza al no poder apostatar públicamente de su antigua fe

Muy en particular, medios de comunicación muy cercanos a la prensa basura socialdemócrata (por ejemplo el diario El País de PRISA, pero también el diario Público de Mediapró o incluso El Plural dirigido por un sujeto tan repugnante como pueda serlo Enrique Sopena) habrían puesto —y nunca mejor dicho— «el grito en el cielo» ante la flagrante «violación» de los derechos constitucionales (el «derecho a apostatar») de los ciudadanos que tal sentencia del Supremo, al parecer, supondría.

No obstante, y dejando al margen momentáneamente el carácter jurídicamente indocto de tales diagnósticos referentes a un inexistente «derecho a la apostasía», lo que no deja (nos parece) de resultar curioso es que tales periodistas, que suelen representarse a sí mismos como «progresistas y de izquierdas», estimen «intolerable» dicha decisión judicial. Tales medios de comunicación socialfascistas han manifestado en más de una ocasión su rechazo absoluto a la Iglesia Católica desde luego (y es más: parece que en ese anticatolicismo se cifra esencialmente su supuesto laicismo dada sobre todo la actitud tolerante e incluso admirativa que tales medios mantienen, por ejemplo, respecto al fanatismo mahomentano, &c).

Pero entonces, ¿qué podrá importarles estar o no «inscritos» en los registros parroquiales? Y ante todo, ¿cuál puede ser, nos preguntamos, el alcance del gesto «burocrático» de borrar sus nombres de tales registros administrativos? ¿No es esta operación algo en el fondo equivalente a la solicitud de «excomunión» que tramitaban hace pocos meses los miembros de la Federación de Ateos? ¿A quién, en fin por mucho que en el fondo de su «conciencia» haya dejado de creer en Dios, puede interesarle el dejar de constar administrativamente como «hijo» de la Santa Madre Iglesia?

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El Papa en la Plaza de San Pedro
No hace mucho los ateos privativos socialfascistas se encontraban entre los fieles presentes en ese lugar

Respondemos: no desde luego al ateo negativo que nada tendría que ocultar a este respecto, pero sí acaso, al ateo privativo como lo son muchos de estos periodistas «laicos y de izquierdas» (por ejemplo, Enrique Sopena, a quien hace muy poco recordaba la periodista Isabel Durán su paso por el Opus Dei), que precisamente por haberse «apartado» de la Iglesia necesita ahora cortar, oficialmente, sus amarras con ella con lo que, a la postre, sigue definiéndose en relación a la propia ortodoxia católica que se supone que rechaza, justamente a la manera de un «creyente vergonzante» como decía Engels de los agnósticos.

Pero, todavía más: si damos por supuesto que la religión católica como tal morfología histórico-cultural no se reduce desde luego a la figura del Dios terciario que además no existe, ¿no es, entonces, el colmo del subjetivismo pretender que, por el mero hecho de no creer en Dios en el más íntimo de los secretum mentis, se habría ya dejado de pertenecer de hecho a la Iglesia Católica? Desde el Grupo Promacos consideramos en todo caso que solamente para quien está atrapado entre las mallas de una concepción ella misma religiosa e idealista de las religiones terciarias puede tener sentido pretender apostatar.


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