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Las amenazas del PNV no se esconden

España debe defenderse

La dialéctica entre las Comunidades Autónomas se agudiza tras el último atentado de ETA

Viernes 26 de septiembre de 2008, por Grupo Promacos

Las palabras de Revilla, en realidad tímidas por su contenido, tan sólo acusaban al PNV –-Partido Nacionalista Vasco, recordemos— de mantenerse en la «ambigüedad en la lucha contra el terrorismo». Pero bastaron para que la respuesta de sus aludidos directos haya consistido en una afrenta amenazadora para España.

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Miguel Ángel Revilla
Señala al PNV como cómplice activo de ETA

No es sorprendente, de todas formas, para quienes las hemos recibido, como lo hace el Grupo Promacos, desde España. Incluso agradecemos a Ibarreche que haya demostrado que sigue en sus trece: «no estoy dispuesto a renunciar a la política para trabajar por la paz». Él bien «sabe» que su renuncia a la política, o sea, a la política secesionista, es de lo que se trata. Pero en su lugar, prefiere hablar sólo de «política». En cuanto a la «paz», podríamos pedirle que completara la frase: ¿la paz española o la paz eusquérica? Aunque a quién le hace falta que el señor Ibarreche aclare que su dedicación política, no dudamos que abnegada, se dirige contra la Nación española en vistas a conseguir democráticamente la secesión de la Comunidad Autónoma Vasca... Pero ni Revilla ha dicho lo que se debe, pues su acusación al PNV es ella misma una petición de principio, ni de los del PNV –-tras el mismo Ibarreche, Balza, Anasagasti y otros más— pueden dejar de responderle como quienes pertenecen a un partido cuyas siglas a nadie pueden engañar.

Por lo que verdaderamente estas palabras de Revilla han sido importantes es porque ellas han dejado una estela de sospecha acerca de la admisión como partido «legal» del PNV —en buena medida por las respuestas amenazantes de sus dirigentes planteando una disyunción exclusiva tal como «o la política o las armas, elegid españoles»— que hasta hace poco las declaraciones oficiales constitucionalistas reservaban a los llamados partidos probatasunos recientemente ilegalizados.

A quien como Revilla se ha atrevido con todo a señalar que el PNV «da alas» a ETA, tanto el PSOE como el PP le han secundado con razones formalistas: «hay que defender la democracia». Ellas sí demuestran la ambigüedad de los que todavía no comprenden que con la democracia como «forma» política, no se defiende una nación, en este caso la española, que es la «materia» a la que se ataca. Y es que la petición de principio en la que calló Revilla, a saber, repetimos, que el PNV quiera acabar con el terrorismo, es lo que se debe aclarar, pues tiene dos sentidos incompatibles: el terrorismo se acabará cuando, desde la perspectiva del secesionismo, «Euskadi sea una nación libre», pues ya no habría asesinatos de españoles con los que chantajear la cesión de un territorio que por fin se ha obtenido: a ello quiere colaborar democráticamente el PNV; o bien, el terrorismo se acabará cuando, ahora desde la perspectiva española, la nación soberana que es España se niegue a aceptar el chantaje y la liquidación de la banda por la vía penal se consume.

Los españoles debemos saber que esta es la verdadera ambigüedad en la que, no el PNV, sino nosotros, como Nación, estamos envueltos. Esa amenaza lanzada por el PNV en los días pasados según la cual los españoles debemos elegir su oferta, «o la política o las armas», hay que responderla cuanto antes, porque no hay una sola «política» en España, sino, al menos, tres, la de quienes atacan a España como Nación soberana, la de quienes la defienden, y la de quienes no quieren enterarse.


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