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Práctica habitual del separatismo «moderado»

Recoger las nueces

El referendum no será frenado por unos jueces inanes y corruptos

Lunes 22 de septiembre de 2008, por Grupo Promacos

Ante la ilegalización terminante de Acción Nacionalista Vasca y el Partido Comunista de las Tierras Vascas decidida la semana pasada por la justicia española, el gobierno tripartito encabezado por Juan José Ibarreche ha reaccionado de un modo tan expresivo como inequívoco de su perpetua voluntad de «recoger las nueces» del árbol agitado por las bombas y las metralletas de la ETA. De esta manera, por ejemplo Eusko Alkartasuna, uno de los socios del PNV en el gobierno de Vitoria, ha llegado a declarar que la citada sentencia ilegalizadora supondría «una auténtica aberración jurídica» por cuanto vendría a «aplicar fórmulas del pasado que de ninguna forma sirven para alcanzar la normalización política de Euskal Herria».

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Ibarreche
Recoge las nueces que le prepara ETA

En este sentido, conviene hacer notar que la expresión «normalización» a la que aludía Eusko Alkartasuna en sus declaraciones de condena, ha alcanzado en nuestros días un uso creciente por parte de las formaciones nacionalistas fraccionarias (aunque no sólo ellas puesto que su utilización empieza a penetrar también en el argumentario habitual de sujetos como Pachi López, &c.) a la hora de referirse al denominado «problema vasco». De esta manera, parecería que se está dando por supuesto que la situación política de las provincias vascongadas (de Euskal Herria) mantiene una cierta anomalía (por ejemplo «democrática») que resultaría preciso solucionar perentoriamente (en este sentido: normalizar) mediante procedimientos caracterizados, por ejemplo, por el uso infinito, o al menos indefinido («es necesario dialogar hasta el amanecer» sostuvo Ibarreche al presentar su Plan en el Parlamento hace ahora tres años) del diálogo normalizador.

En particular —tal el diagnóstico de las fuerzas políticas soberanistas vascas— la anomalía que aqueja a Euskal Herria vendría a sustanciarse no tanto en la «violencia» etarra (con todo lo condenable que esta, sin duda, pueda ser) puesto que tal «violencia», sin perjuicio de que pueda y aun deba censurarse «en democracia» como lo reconocen muchos miembros del PNV, de EA, o de Izquierda Unida, no sería sino el «síntoma» de un «síndrome» muy determinado, a saber: el «secuestro» por parte de España (¿con la abolición foral de 1876?, ¿con el triunfo de los nacionales en 1939?), de la soberanía originaria del pueblo vasco así como la consecuente «negación» del «derecho a decidir» de la ciudadanía de vascongadas a manos «de Madrid». Atájese el «síndrome» devolviendo la «voz» al pueblo vasco mediante una «consulta normalizadora», y el «síntoma» violento desaparecerá automáticamente.

Bien está. Pero, aunque desde el Grupo Promacos consideremos sin duda que estos delirios resultan sencillamente impresentables, no por ello, nos parece, habría que negar en términos absolutos el diagnóstico de la supuesta «anomalía» política a la que nos hemos referido. Sólo que, desde nuestro punto de vista, tal situación anómala no consistirá tanto en un imaginario secuestro de una no menos imaginaria soberanía prístina, cuanto en el hecho de que en el seno de la sociedad política española de nuestros días, y en partes esenciales suyas como puedan serlo el País Vasco, Galicia o Cataluña, actúen fuerzas o camarillas que sin perjuicio de mantener entre sus programas el objetivo formal y expreso de segregar tales partes respecto del Cuerpo político español son, pese a esto, reconocidas por el propio Cuerpo político que ellas se proponen destruir como partes (partidos) regulares, ordinarias de su tejido.

Es decir, la «anomalía», que desde luego existe, radica en el hecho de reconocer como «normales» (a efectos de participación en los parlamentos, en los gobiernos autónomos, &c.) fuerzas políticas que son «anormales» a la manera como también es «anormal», al menos desde el punto de vista de la disciplina médica que se orienta a la conservación de la individualidad corpórea viviente, el tejido tumoral que crece descontroladamente en el páncreas de un organismo junto con otras células normales o sanas.

Pero si esto es así, entonces, aquello que nos parece esencial es declarar que las medidas adoptadas por el Tribunal Supremo esta semana no sólo «contribuyen» a la «normalización» polìtica, sino que son esenciales, necesarias en orden a esta misma «normalización». ¿Serán además suficientes? Nos parece que en manera alguna cabe extraer semejante conclusión, puesto que una vez atacadas las células cancerosas «violentas», habría también que extirpar, por el bien del propio organismo, aquellas que crecen de un modo comparativamente más «pacífico» sin dejar por ello de dirigirse, inevitablemente, a la destrucción del cuerpo que las aloja.


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