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Bolivia, guerra civil y balcanización: matización crítica

El Revolucionario Maracaibo ofrece un análisis que contrapuntea y matiza el análisis de ER.Cochabamba

Jueves 18 de septiembre de 2008, por ER. Maracaibo

Ante el embrollo de Bolivia, ER.Maracaibo matiza: la fuerza de UNASUR no es acaso tan grande como se quisiera; indigenismos aparte, el bloque dirigido por Evo Morales y el MAS es la única fuerza realmente existente que puede defender la unidad “nacional-estatal”.

Decía Carl Schmitt que soberano es quien decide el estado de excepción; acaso habría que añadir: y quien asegura la ejecución de tal decisión.

Aunque el gobierno de Evo Morales no ha empleado la violencia estatal contra los enemigos del Estado –más por temor a que los militares y la policía no lo obedezcan, y se genere así un debilitamiento aún mayor del propio gobierno, que por voluntad de negociación-, Leopoldo Fernández, Prefecto del Departamento de Pando, acusado de propiciar y dirigir la matanza de al menos 30 campesinos, fue detenido por las fuerzas de seguridad bolivianas; el Prefecto no ha obedecido el estado de sitio declarado por el gobierno central.

El Estado de Bolivia vive hoy una doble amenaza de guerra: la guerra civil (que no opone solamente al indigenismo y al separatismo) y la posibilidad de intervención militar externa (Estados Unidos y Venezuela).

Ante la actual coyuntura política en Bolivia, el pasado 15 de septiembre, en la ciudad de Santiago de Chile, en concreto en el Palacio de La Moneda de esa ciudad –escenario principal, como se sabe, del derrocamiento del gobierno socialista de Salvador Allende en 1973- nueve de los doce miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), hicieron una declaración conjunta en la que manifestaron su respaldo pleno al gobierno constitucional de Evo Morales. En este sentido, rechazaron los últimos acontecimientos que han tenido lugar en el Departamento de Pando y afirmaron que no reconocerán cualquier situación que implique un golpe de Estado civil, una ruptura del hilo constitucional o una alteración de la integridad territorial de Bolivia.

¿Qué podrían hacer los Estados miembros de UNASUR si, como cabe esperar, la espiral de violencia política prosigue su curso?

Aunque para el gobierno bolivariano de Venezuela la resolución de UNASUR es una prueba de que “el Sur todavía existe”, lo cierto es que UNASUR no tiene la consistencia ideológica ni la capacidad militar para intervenir, de modo conjunto y en caso de que fuera necesario, contra las fuerzas separatistas (y neofascistas) en Bolivia, apoyadas por el Imperio realmente existente. Dicho de otra manera, UNASUR no es –ni en verdad pretende ser- un nuevo bloque imperialista, con base económica y militar, e ideológicamente definido como socialista. Por el contrario, es un escenario de diálogo y negociación, liberal, políticamente indefinido y que, bajo su retórica armonista y democrática, más bien esconde una multiplicidad de intereses confrontados.

Brasil y Argentina, con sus respectivos gobiernos socialdemócratas y “progresistas”, están interesados en asegurarse el suministro de gas que les aporta Bolivia, y que proviene precisamente de las zonas en conflicto (las regiones de la llamada “media luna”) y que soporta en buena medida sus aparatos de producción económica. Chile, por su parte, otro gobierno socialdemócrata, es históricamente hostil a reivindicaciones geopolíticas y territoriales de Bolivia, al menos desde hace más de un siglo, cuando, mediante la victoria militar en 1884 en la conocida “Guerra del Pacífico”, le arrebataron a Bolivia la famosa “salida al mar”.

Fuera del marco de UNASUR, el Presidente de los Consejos de Estado y Ministros de Cuba, el General del Ejército Raúl Castro, ha declarado recientemente que Cuba apoyará el orden constitucional y la integridad territorial de Bolivia. Pero en este momento Cuba, como es evidente, es incapaz, dada la devastación nacional que ha supuesto el paso de los huracanes Ike y Gustav, de contribuir en la situación; aparte de estar, por supuesto, formalmente segregada de UNASUR.

Sin descartar del todo la importancia de las llamadas “presiones internacionales” dentro de la dialéctica de Estados (recuérdese que, en 2002, cuando el gobierno venezolano fue derrocado por unas horas mediante un golpe de Estado, sólo Cuba condenó inmediatamente los hechos), el único gobierno de la región que ha propuesto una medida concreta ha sido el gobierno de Venezuela: ha ofrecido al gobierno boliviano enviar contingentes de tropas militares venezolanas, siempre y cuando Bolivia previamente lo solicite, para contribuir a controlar los Departamentos alzados. Sin embargo, desde el Ministerio de Defensa de Bolivia se han apresurado en responder que la situación estaba bajo control del gobierno y que no era necesaria dicha ayuda.

El elemento determinante en última instancia es, desde luego, el proyecto imperialista de Estados Unidos. En los últimos días, Morales expulsó a Philip Goldberg, embajador de Estados Unidos; casi inmediatamente, en apoyo a esta decisión, Chávez hizo lo mismo con el embajador estadounidense en Venezuela, Patrick Duddy. Sin embargo, hay que recordar que, bajo el lema de la lucha contra la producción de hoja de coca en Bolivia, el Imperio ha asentado desde hace casi tres décadas tropas militares, en particular en las zonas de El Chapare y Los Yungas.

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Los ataques contra Bolivia son ataques contra todos los Estados iberoamericanos: ¿lo sabrán acaso todos ellos, o sólo Venezuela?

En sus declaraciones, Hugo Chávez, la única voz de UNASUR que parece comprender la dialéctica de Estados y la confrontación imperial, y que sabe que los ataques contra Bolivia son ataques contra todos los Estados iberoamericanos, acusa frontalmente al Imperio estadounidense de conspirar en contra del gobierno boliviano y contra todos los gobiernos de la región que, de una u otra manera, se oponen a su dominio. En efecto, recientemente se han descubierto movimientos sediciosos en las filas de los ejércitos venezolano y paraguayo; las alusiones desde La Moneda al golpe de Estado del general Augusto Pinochet en 1973 contra el gobierno de la Unidad Popular son algo más que una mera coincidencia.

Todos estos acontecimientos han sido acompañados de manifestaciones multitudinarias en La Paz (el número de participantes, como suele ocurrir, es incierto), en apoyo al gobierno de Morales y en defensa de la unidad nacional. Por primera vez desde que se iniciaron las revueltas –básicamente campesinas- en Bolivia en 2000, los manifestantes ondean la Bandera Nacional. Al parecer hay indicios de que, en el curso de la política de fuerza, la base de masas del gobierno de Morales comienza a dejar de lado la ideología ultraindigenista y su afán de fragmentación (la idea ultrakatarista de que Bolivia es una entidad “superestructural”, inexistente, mítica, y a la vez “colonialista”), precisamente por la enorme capacidad de esta ideología para escindir las fuerzas propias y permitir los avances de los enemigos políticos, para convertirse en un movimiento de defensa de la unidad política del Estado (el único lugar material en el que, dicho sea de paso, cualquier “autonomía” indígena podría hacerse real; lo que habría en todo caso que responder es ¿qué pasaría con la soberanía del Estado de referencia con esa "autonomía" eventualmente adquirida?, o, dicho en otros términos, y para honrar a Lenin, ¿autonomía, para qué?).

Haciendo un análisis de la coyuntura desde el punto de vista del realismo político, en la correlación efectiva de las fuerzas políticas en Bolivia, el bloque dirigido por Evo Morales y el Movimiento al Socialismo, más allá del indigenismo que parcialmente lo ha definido, es la única fuerza realmente existente que puede en este momento defender la unidad “nacional-estatal”.


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