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Reniega públicamente de la izquierda

Franco ahora es de centro

Todavía no están en el gobierno y ya comienzan a renegar

Miércoles 14 de mayo de 2008, por ER. Asunción

El futuro vicepresidente de Paraguay protagoniza una de las claudicaciones más rápidas de la Historia contemporánea.

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Fernando Lugo y Federico Franco
Futuros presidente y vicepresidente de Paraguay agitando el puño como si fueran de izquierda

Extrañas marcas las que se consiguen en Paraguay. Meses antes de gobernar, el futuro gobierno de la República ya está renegando de aquello que lo encumbró al poder. Las claudicaciones comienzan a sucederse en cascada antes incluso de que el gobierno tome posesión el 15 de agosto.

Primero, con la designación de Dionisio Borda como futuro ministro de Hacienda. Borda, economista del Fondo Monetario Internacional, ya ha afirmado que Paraguay necesita abrir sus fronteras —aún más de lo que ya están— al capital extranjero así como otro nutrido grupo de medidas neoliberales. Lo cierto es que estas medidas ya se veían venir, pues es sabido de la financiación que ha prestado la embajada del Imperio Norteamericana a la campaña de Fernando Lugo a través del embajador James Cason.

Segundo, con las declaraciones de Federico Franco —futuro vicepresidente de Paraguay— quien en su reciente visita a Montevideo, afirmó que «no existen condiciones para un gobierno de izquierda» en el país que hace poco votó para acabar con los más de sesenta años de coloradismo. Franco se definió como un hombre de «centro», en coincidencia con lo señalado por el presidente electo, el ex obispo Fernando Lugo.

Tras meses de aparecer el ex-obispo y su gente hablando de socialismo, de reforma agraria, de opción por los pobres y de agitar el puño donde la ocasión lo mereciera, ahora el todavía sacerdote católico —recordemos que el Sacramento del Orden imprime carácter— junto a su séquito comienza a distanciarse de todo lo que recuerde a izquierda con el fin de tranquilizar a las mafias nacionales y a los poderes internacionales.

Es lo que ocurre con las izquierdas indefinidas, las izquierdas divagantes y extravagantes. Van —como decía Lenin— de claudicación en claudicación hasta la próxima claudicación. Y lo peor es que claudican ante oscuros y turbios poderes e intereses.


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