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El PSOE pretende reconocer «la pluralidad de confesiones»

Laicismo, anticlericalismo y ateísmo

El gobierno socialista de España ignora lo que significan estos tres conceptos

Sábado 10 de mayo de 2008, por Grupo Promacos

La Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega ha señalado que España debe convertirse en un estado laico, demostrando una completa ignorancia de lo que pueda significar tal concepto. Ignorancia compartida asimismo por sus críticos, que identifican laicismo con ateísmo y anticlericalismo sin siquiera analizar la cuestión.

Cuando se habla de laicismo, en realidad, se identifica con el anticlericalismo de la II República, en el que el PSOE colaboró de manera activa y que supuso el exterminio de la cuarta parte de los clérigos existentes en España. Curiosamente, tal anticlericalismo no implicaba un ateísmo esencial total, creyentes muchos socialistas y republicanos en el Supremo Arquitecto que caracterizaba a la masonería, pese a no creer en el Dios católico.

Otros críticos, algo más refinados, argumentan que el laicismo toma como referencia a la III República francesa, donde el Estado y la Iglesia no podían participar conjuntamente, al contrario de lo que sucede en nuestra democracia coronada, en la que curiosamente el PSOE, hace unos veinte años, planteó la posibilidad de financiar a la Iglesia católica, hecha realidad hasta nuestros días. Hoy parecería que, en uno de los habituales bandazos que da la socialdemocracia, no quieren seguir financiando a la institución eclesiástica católica.

Sin embargo, desde el Grupo Promacos afirmamos que suponer que el Estado y la Iglesia no colaboran o que simplemente las creencias se mantienen en el ámbito privado —el fuero interno de la conciencia, dirán algunos ministros socialistas con cursilería aliciesca y krausista, como manifestaron José Blanco o De la Vega al afirmar que «hay que proteger todas las creencias»—, es sencillamente cerrar los ojos a la realidad más inmediata. Por ejemplo, la de la jura de cargos del Presidente del Gobierno y sus Ministros ante el Rey, que se realiza en una mesa donde, además de la Constitución, se encuentran la Biblia y la Cruz. Decir que ambos elementos son «meros adornos», como dijo en su día Zapatero para justificar ante la prensa la contradicción de ser anticatólico y jurar el cargo de esa manera, es simplemente una forma de eludir la cuestión y no querer reconocer la involucración en la tradición histórica de España del catolicismo.

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Zapatero jura su cargo ante la Cruz y la Biblia
Después los calificó de «meros adornos». ¿Se puede ser más analfabeto e ignorante?

El PSOE, por boca de De la Vega, manifestó que hacía falta reconocer «la pluralidad de confesiones existente hoy en España». Pero esa pluralidad no sólo incluye al Islam tan querido de algunos socialdemócratas, sino también al animismo, el budismo, el candomblé y, en el colmo, a la Iglesia de Maradona que tiene unos cuantos adeptos en Argentina y que habrán cruzado el charco en dirección hacia España. Si analizamos con precisión, se muestra ridículo eso de reconocer tan heterogénea y ridícula, en términos cuantitativos y cualitativos, pluralidad.

Hablar de laicismo del Estado, en definitiva, es tanto como reconocer que los ciudadanos son seguidores de una determinada creencia, aunque no formen parte de su jerarquía. Algo que no tendría sentido cuando se refieren al Islam, en una estúpida proyección de las relaciones Iglesia-Estado en Europa. El Islam carece de Iglesia, luego el laicismo difícilmente puede aplicarse ahí, máxime cuando la religión anega todas las cuestiones políticas: entre los sunnitas, el jefe de estado es el Califa, el hombre encargado de expandir el Islam mediante la yihad.

El Estado, en definitiva, no puede aparentar una ficticia e impostada neutralidad frente a las religiones, porque su involucración con algunas de ellas es algo histórico y no puede borrarse de un plumazo, pese a lo que personas tan ignorantes como Zapatero, De la Vega o José Blanco puedan creer.


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