El Revolucionario

Portada > América > Venezuela > El eje geopolítico Venezuela-Brasil

Alianza energética de gigantes

El eje geopolítico Venezuela-Brasil

Hugo Chávez y Lula da Silva, líder ideológico bolivariano y líder geo-estratégico regional se reúnen en cumbre energética

Domingo 30 de marzo de 2008, por ER. Maracaibo

Teniendo como parámetros los extremos de privatización y nacionalización, en estos momentos está desatada una batalla frontal por los derechos de propiedad de los recursos energéticos de la región, desde Bolivia y Ecuador hasta México.

JPG - 48.5 KB
Chávez y da Silva: líder ideológico y político bolivariano el uno, líder económico geo-estratégico el otro. Hacia la septima generación de la izquierda

El 26 de marzo, el presidente venezolano Hugo Chávez Frías, junto al presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, realizó una visita a la ciudad de Pernambuco, en Brasil, a las obras de la construcción de la refinería Jose Inacio Abreu e Lima. En el contexto hispanoamericano, y en el venezolano en particular, el hecho es cualquier cosa menos un incidente irrelevante.

Para ser comprendida en sus dimensiones exactas, la aproximación en política energética entre ambos gobiernos tiene necesariamente que ser puesta en relación con la situación actual de conflicto entre los Estados y las empresas transnacionales. Como se sabe, teniendo como parámetros los extremos de privatización y nacionalización, en estos momentos está desatada una batalla frontal por los derechos de propiedad de los recursos energéticos de la región, desde Bolivia y Ecuador hasta México.

En este sentido, recientemente el gobierno venezolano ha protagonizado un nuevo combate con los capitales extranjeros instalados en Venezuela, en particular con la empresa Exxon-Mobil. Junto a otras empresas (Total, Statoil, PetroCanadá, Ineparia y la British Petroleum, entre otras) Exxon-Mobil estaba radicada en los esenciales yacimientos de la faja petrolífera del Orinoco (una de las mayores reservas de crudo del planeta). En febrero de 2007, el gobierno de Venezuela forzó la renegociación de los contratos de explotación que estas empresas habían firmado con los gobiernos de la IV República venezolana. El objetivo no era la expropiación plena de las empresas (ni siquiera tenía la pretensión de negarse al pago por las indemnizaciones correspondientes) sino sólo reelaborar los términos del contrato según un modelo de “participación mixta” orientado a invertir el reparto existente de los beneficios de la explotación: esto es, que los mayores beneficios recayeran sobre la nación. A pesar de que no se trataba de otra cosa que de revertir la relación actual de las ganancias, y de que las otras empresas aceptaron firmar los nuevos acuerdos, Exxon-Mobil se negó a hacerlo, exigiendo además una indemnización desproporcionada a su capital invertido.

Mediante una orden judicial dictada en Nueva York, la transnacional logró congelar activos de la petrolera estatal venezolana por 12 mil millones de dólares durante semanas, arguyendo que las medidas llevadas a cabo por el gobierno venezolano violaban sus derechos de propiedad. La empresa recurrió entonces al Gran Tribunal de Londres y Gales para el arbitraje y la resolución del conflicto, esperando impedir así que el gobierno venezolano ejerciera su soberanía territorial y la propiedad sobre los recursos energéticos. Por supuesto que tanto la orden judicial como el arbitraje eran medidas inconstitucionales según la Constitución venezolana, y el gobierno en ningún momento aceptó la legalidad de la injerencia de las instancias internacionales en el conflicto.

Lo cierto es que la decisión del Gran Tribunal, en contra de los cálculos del ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, revirtió la orden judicial utilizando el argumento de la propiedad estatal plena sobre PDVSA.

En este sentido, resulta fundamental advertir, dado lo que está ocurriendo en otros países latinoamericanos, que ha sido el arma de la propiedad estatal plena sobre la industria petrolera (definida en estos términos en la Constitución del Estado) lo que ha impedido en esta ocasión el triunfo de Exxon-Mobil. En efecto, ha sido la estrategia de una unidad nacional-popular por el control soberano sobre los recursos naturales (energéticos, en este caso) lo que ha permitido la renegociación de las relaciones entre el Estado y las empresas petroleras en un sentido favorable para el Estado, y ha detenido el proyecto privado de socavar la soberanía nacional de Venezuela negando la capacidad del Estado para renegociar los contratos con las empresas.

Sobra recordar que todo el proyecto político bolivariano (como cualquier otro proyecto político futuro que pretenda inscribir su actuación en la forma-Estado en Venezuela) descansa sobre este control sobre la industria petrolera nacional.

Hay que percibir, por tanto, que la visita de Hugo Chávez a Brasil está dentro de la dinámica de esta disputa. Para los gobiernos de Brasil y Venezuela, la refinería de Pernambuco es uno de los núcleos entorno a los cuales pretende empezar a ser concretado el proyecto económico-político y geoestratégico de integración energética regional, proyecto encaminado, incluso, aunque de manera sin duda incipiente e incierta, a la paulatina unificación de las industrias petroleras de ambos Estados (PDVSA y Petrobras). La refinería de Pernambuco es, en este sentido, parte de la alianza energética, propuesta por Venezuela, pero seguida por los Estados miembros, que está contenida en el programa del Mercosur. Se trata, pues, de una estrategia para fortalecer a los Estados y la soberanía nacional de cada uno frente a los ataques de las empresas transnacionales.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando