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Los escoltas de la delegación turca a guantazos con la policía española

El Foro de las civilizaciones comienza en Madrid con una pelea entre miembros de seguridad de Turquía y España

Una nueva escenificación del retablo de las maravillas ideado por el pensamiento Alicia de Rodríguez Zapatero

Miércoles 16 de enero de 2008, por ER. Madrid

En el relato de Cervantes, unos pícaros advierten, a las autoridades del lugar, que la representación no puede ser vista por hijos bastardos o por gente de sangre no pura, es decir, por aquél que no fuese cristiano viejo. El final del entremés acontece con la llegada de un militar que exige a las autoridades municipales alojo para sus exhaustos soldados. Al no conocer el supuesto poder del retablo no le importa decir que no ve nada.

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Uno que no quiere dialogar
sin haber cortado la cabeza de su interlocutor previamente

Las fuerzas de seguridad de España y Turquía tuvieron un forcejeo en el inicio del Foro de la alianza de civilizaciones, que congrega en el Palacio Municipal de Congresos a más de 350 personalidades políticas, religiosas, académicas y empresariales de unos sesenta países.

Fuentes del Palacio de La Moncloa confirmaron, a Europa press, que el empeño en acceder al Palacio de Congresos por parte de los miembros de la delegación turca, sin contar con acreditación, provocó el primer incidente con los agentes españoles destacados en el acceso principal al recinto. Al parecer, ya en el interior, el férreo cordón de seguridad que rodea a Erdogan pretendía acceder con él a todas y cada una de las salas a donde se dirigía el primer ministro turco, entorpeciendo la labor de los agentes españoles y el normal desarrollo de los encuentros programados, entre ellos la concesión del premio ’Building Bridges’ (’Construyendo puentes’) a los jefes de Gobierno de España y Turquía. Por este motivo, los empujones y forcejeos se reprodujeron con el equipo de seguridad que acompaña siempre al presidente Zapatero. Este premio suena a broma cruel ahora, precisamente, cuando Zapatero se ha visto obligado a «volar los puentes» que, en su día, tendió a los separatistas etarras. Y más cruel en el caso de Erdogan al que le llega la «acreditación» de constructor de puentes justo cuando lo que hace es derribarlos en el Kurdistán. Ya sabemos que el «Pacto» no obliga a cancelar los intereses turcos sobre el territorio kurdo.

De hecho , cabe sospechar que este proyecto resulte rentable para los intereses del fundamentalismo islámico al que, cándidamente, se condenó en la primera sesión del Foro, como esperando que con estas condenas formales la Yihad islámica renuncie a su proyecto estratégico de dominación global. En este sentido, la iniciativa de Zapatero puede entenderse como auténtica labor de zapa en las trincheras propias contra la estrategia de Jorge Bush II, apoyada, por otro lado, por el propio Zapatero en Afganistán. Y es que una cosa son las ideologías y otra la realpolitik.

José Luis Rodríguez Zapatero, junto al secretario general de la ONU, Ban Ki Mun, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, son las estrellas con más fulgor de este congreso con el que Rodríguez Zapatero pretende dar pasos en la senda de un futuro en paz para toda la Humanidad en base a la tolerancia y el relativismo cultural propiciados por el diálogo entre civilizaciones (las que, se supone, están representadas en el Foro) entre las que aparecen un grupo de maoríes y unos scouts.

A esta iniciativa del presidente español se han sumado sólo tres presidentes: el finlandés, el esloveno y el senegalés.

El proyecto del pacto de civilizaciones, impulsado por Zapatero y la ONU como contrafigura del choque de civilizaciones de Huntington, no es mucho más que un programa en el que, a través de un rosario de foros, simposios, iniciativas y comunicados, se pretende representar un retablo que no existe, pero que los biempensantes se empeñan en ver representándose en estas mismas iniciativas. Igual que las autoridades del entremés cervantino se veían impelidos a decir que lo estaban viendo por la necesidad de aparentar pureza de sangre, los de hoy quieren verlo para demostrar sus ansias infinitas de paz, su pureza de corazón. O quizá para que nadie dude de sus buenas intenciones aunque luego tengan que hacer otras cosas. El señor Rodríguez, en esta línea, en declaraciones al diario El Mundo, ha reconocido que su política de apaciguamiento de la ETA a base de «diálogo y talante» (amén de concesiones a los terroristas) ha fracasado, pero ha declinado asumir sus responsabilidades políticas amaparándose en que sus intenciones eran loables, ya que pretendía «que no hubiera más muertos». Un desastre.

Y como en el entremés, han tenido que ser los que empuñan las armas quienes demuestren que semejante proyecto no es nada. Más allá del espejo de Alicia.


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