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La autocracia ególatra y caudillista del chavismo no convence a los votantes

Venezuela frena las pretensiones del dictador Hugo Chávez

Nada menos que un 44,1% de los votantes se abstuvieron de participar, tras una campaña electoral personalista, demagógica, agresiva e intensa

Martes 4 de diciembre de 2007, por ER. Caracas

El pueblo venezolano, saturado de promesas populistas, no acepta perpetuar indefinidamente la presidencia de Hugo Chávez

Hace un año, el 3 de diciembre de 2006, Hugo Chávez fue reelegido Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en unas «elecciones limpias», obteniendo 7.309.080 votos (un 62,84%) frente a los 4.229.466 votos (un 36,9%) cosechados por Manuel Rosales, el principal candidato opositor. Hace un año votaron en las elecciones presidenciales 11.790.397 venezolanos (74,69%), absteniéndose de hacerlo 3.994.380 (un 25,3% del censo electoral).

Con la seguridad del amplio respaldo electoral obtenido, el 31 de enero de 2007 aceptó Chávez convertirse en dictador de Venezuela mediante una Ley Habilitante que le permitía legislar dictando decretos con rango de Ley sobre once áreas específicas, incluidas la energética, así como abordar reformas o generar nuevas leyes que facilitasen instaurar el «socialismo del siglo XXI».

Con esos amplios poderes Chávez procedió a nacionalizar la mayor telefónica del país, la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela (CANTV) y su filial Movilnet (controladas por la estadounidense Verizon, que aceptó vender a bajo precio como mal menor), nacionalizó Electricidad de Caracas (EDC) mediante una OPA sobre el 92,98% del capital de la compañía (aceptando vender la estadounidense AES el 82% del capital que hasta entonces controlaba), no renovó (27 de mayo de 2007) la concesión de Radio Caracas Televisión (RCTV), la principal emisora de televisión opositora, que perdió la mayor parte de su audiencia al poder servirse sólo de las emisiones por cable, &c.

El inmenso poder político, económica y mediático del nuevo gobierno Chávez permitía augurar que la importante reforma de la chavista Constitución de 1999, ya anunciada por Chávez el 12 de agosto de 2006 al inscribirse como candidato para las elecciones presidenciales de 2006, y puesta en marcha el 16 de agosto de 2007, al proponer el Presidente a la Asamblea Nacional la reforma de 33 artículos, saldría adelante con el amplio y firme refrendo popular con el que contaba el caudillo Chávez.

En poco más de dos meses la Asamblea Nacional remitió al Consejo Nacional Electoral (CNE), el 2 de noviembre de 2007, el proyecto de reforma constitucional, procediendo este «poder electoral» (uno de los cinco poderes independientes de la república venezolana) a convocar, en un plazo no mayor de treinta días, como prescribe a ley, el correspondiente referendo sancionador, que tuvo lugar el domingo 2 de noviembre de 2007.

Respecto a las elecciones presidenciales de un año antes, casi tres millones de venezolanos más decidieron no participar en el referéndum: en lugar de los 11.790.397 votos emitidos en diciembre de 2006, sólo se contaron 9.002.439 votos en diciembre de 2007, un 55,89% en lugar del 74,69%; absteniéndose más de siete millones de venezolanos de participar en la consulta para la reforma constitucional (44,11% de abstención).

Pero además Hugo Chávez, que puso todo su empeño y entrega personal en la opción del Sí a la reforma constitucional, en lugar de lograr el refrendo al menos de los 7.309.080 votos que habían apoyado su reelección presidencial en 2006, vio como más de tres millones de aquellos votos se abstenían o votaban en contra de sus propuestas: la opción del Sí obtuvo 4.230.699 votos (49,29%) y 4.335.136 votos (48,94%) en cada uno de los dos bloques de reformas que se votaban por separado, frente a los 4.504.354 votos (50,70%) y 4.522.332 votos (51,05%) de la opción del No a la reforma constitucional. (Recuérdese que en las elecciones presidenciales de 2006 el candidato Manuel Rosales había obtenido 4.229.466 votos).

Los cambios principales de la Constitución que pretendían el presidente Hugo Chávez y la Asamblea Nacional de Venezuela, y que los venezolanos rechazaron el 2 de diciembre de 2007, hubieran permitido, en el bloque A de la reforma, entre otras, la reelección indefinida del presidente y el fortalecimiento de sus poderes, y en el bloque B, entre otras, la posibilidad de crear una confederación de repúblicas. Quedó rechazada la posibilidad de que el presidente decretase Regiones Estratégicas de Defensa, y la potenciación de la ciudad como unidad política primaria, la reducción de la jornada laboral de 44 a 36 horas semanales, nuevas formas de propiedad (propiedad pública, propiedad social, propiedad colectiva, propiedad mixta y propiedad privada), un nuevo «poder popular» (democracia directa a través de Consejos del Poder Popular, al estilo cubano).

Durante el mes de campaña por el Sí y por el No a la reforma electoral se sucedieron incidentes, manifestaciones, concentraciones y, por supuesto, la correspondiente «guerra de las encuestas», donde se cuestionó continuamente la fiabilidad e independencia de las empresas encuestadoras (así por ejemplo, el 28 de noviembre, la empresa Consultores calculaba un 56% para el Sí, mientras que al día siguiente la empresa Hinterlaces auguraba un 58% para el No).

Unas horas después de que el CNE ofreciese su primer boletín de resultados, donde la tendencia señalaba ya el carácter definitivo de la derrota presidencial y gubernamental, Hugo Chávez reconoció la «victoria pírrica» de la oposición con un amenazante: «Por ahora no pudimos, pero no retiro ni una coma de la reforma. Para mí no es ninguna derrota, para mí es otro ’por ahora’.»

Pero la realidad es que mientras que el antichavismo se mantiene unido, el chavismo ya no es un bloque compacto que fielmente asume los designios del caudillo dictador. Entre otras cosas porque los venezolanos del siglo XXI no sólo se alimentan de propaganda y de palabras.


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