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Por el fútbol hacia la eutaxia

Futbol terrestre o las alturas prohibidas

Sobre la polémica deportiva y social que ha levantado una decisión arbitraria de un comité elaborado en Los Alpes

Sábado 2 de junio de 2007, por ER. Cochabamba

Bolivia se ha visto sacudida socialmente por la decisión del presidente de la FIFA de no permitir la práctica del deporte futbol en sitios donde la altura sea «excesiva»

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En un país aquejado de tantos y variados problemas, la decisión del actual presidente de la FIFA (Federación internacional de futbol asociación) Jossep Blatter, de prohibir la práctica profesional del futbol en todos aquellos lugares a más de 2500 metros de altura sobre el nivel del mar, ha provocado un verdadera polémica social en Bolivia, por cuanto que se trata de un espectáculo público que, por lo común, arrastra a miles de ciudadanos en su «dispersión lúdica».

Que el futbol forma parte de la reciente cultura boliviana no es algo extraño: al fin y al cabo «todo» es «cultura». Pero que la prohibición de jugar partidos oficiales en sitios «demasiado altos» se haya convertido ahora, y desde hace varios días, en una cuestión de carácter público, en la que hasta el propio presidente de la Nación ha intervenido de forma acalorada, denota un sesgo indefiniblemente político. De hecho, tal y como se han presentado las circunstancias, bien podría parecer que, en la confrontación polémica entre los países «altos» y la elitista organización de futbol mundial (ubicada junto a la sonriente vaca suiza) existe en el fondo una frontera política - que no deportiva- entre países pobres e «indefensos», incapaces de librar una batalla digna contra el gigante europeo Blatter, y ricos y refinados burgueses futbolísticos que ahora deciden cuándo y dónde puede jugarse a «su» deporte.

Tal y como lo ve El Revolucionario, y tomando en consideración los argumentos esgrimidos (en cuanto a la densidad del aire, el efecto de la altura sobre el oxígeno en la sangre arterial de los jugadores, etc) nos parece que la FIFA hila ahora muy fino y niega, de paso, el placer de jugar «oficialmente» partidos de futbol en países donde, por su ubicación topográfica, la altura es el compañero inevitable del riesgo lúdico. Decisión curiosa, repetimos, si tenemos en cuenta que, por ejemplo, para inaugurar un estadio de La Paz, el propio Blatter dejó escrito cosas tan hermosas y contradictorias como éstas: «nací en las alturas, etc, etc». Arbitraria toma de partido que remueve los recelos de un país que, como Bolivia, tiene grandes trabas económicas y sociales, y para el que el futbol (como para tantos otros países) es un entretenimiento social.

Puede que la altura sea un condicionante para practicar el futbol, pero pensamos que, por este mismo hilo de razonamiento, no lo es menos hacerlo bajo temperaturas extremas (adiós al futbol africano, o al ruso, o al alemán) en sitios donde sopla mucho el viento o donde llueve tanto que la yerba patina; y es que el lugar, tanto como la actividad, forman parte del espectáculo, considerando, además, que no hay lugares «perfectos», y que los imperfectos tienen ese encanto de estar jugando contra los «elementos» a la vez que con el adversario.

Veremos, de todas formas, qué sucede con esta decisión polémica que, aún pareciendo «intrascendente», ha removido socialmente a tantos ciudadanos que se sienten «discriminados» y para los que planea, en clave futbolística, el fantasma de lo que el escritor García Marquez habría de definir como «cien años de soledad», o lo que es igual, el aislamiento - para el terreno de países andinos- de naciones pobres frente a la rica Europa.


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