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Los «amigos» del MAS y su «revolución pacífica»

Sobre los encuentros de miembros del partido boliviano con individuos de la llamada «izquierda aberchale» española

Lunes 26 de febrero de 2007, por ER. Cochabamba

Miembros del partido político boliviano del gobierno vigente, el MAS, han celebrado contactos y reuniones con miembros de la «izquierda» indefinida y violenta vasca, afín a los dictados separatistas y asesinos de la banda criminal ETA

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Las fuerzas de seguridad española tienen pruebas que demuestran que miembros del grupo asesino y terrorista español ETA (pues no dejan de ser menos españoles quienes no se «sientan» como tales, en este caso, los vascos separatistas) buscan un nuevo refugio o santuario en Bolivia, en previsión de lo que pueda suceder en Cuba (maravilloso escondite de la izquierda indefinida más repugnante, y donde se legitima a asesinos traidores a España alegando que son grupos de «liberación», o con calificativos más diplomáticos, tales como «grupo separatista vasco») si Fidel Castro muere.

Pero nada de esto puede sorprender ahora si tenemos en cuenta que el vínculo de Bolivia con ETA no es puramente anecdótico ni casual, sino que responde a una serie de contactos que el partido político del gobierno electo de Evo Morales, el MAS, ha llevado a cabo desde hace varios años. Sin ir más lejos, el 6 de agosto de 2006, el etarra Juan José Loihotxea (miembro actual de la organización Askapena, vinculada a Batasuna, miembro «político» de ETA) estuvo en Bolivia, invitado por miembros del MAS. Algunos años antes, en 2003, el oficialista Edmundo Novillos tuvo contactos probados con dirigentes de Batasuna, antes de que fuera declarada ilegal. El actual vicepresidente de Bolivia asistió a un acto de Batasuna en España en el que se le entregó la ikurriña (esa bandera regional que el señor Sabino Arana diseñó sobre la estructura copiada de la bandera británica) y se agradeció «de todo corazón» su visita. En definitiva, los «flirteos» de la llamada izquierda aberchale y la izquierda indefinida boliviana forman una cadena que ha dado como resultado ciertos «vínculos» ideológicos con el MAS, y que provoca que ahora ETA pueda buscar refugio en Bolivia.

A este respecto, y tras una polémica de varios días (que ha llegado hasta el Senado) el propio Evo Morales ha señalado que nunca tuvo relaciones políticas con ETA, y que tanto su gobierno como su partido rechazan y «condenan» a los grupos violentos. Lo cual nos parece altamente curioso, pues no se entiende entonces que miembros del MAS simpaticen con un partido político español muy específico y concreto, y que nada sepan ni de lo que promulga ni de las atrocidades que justifica. Parece como si estos políticos del MAS hubieran pasado casualmente por España para ser invitados (también casualmente) a una reunión de Batasuna, o que sucediera justo lo contrario respecto a futuros asentamientos terroristas en Bolivia.

Dice Morales que no tiene ningún contacto con dirigentes de ETA, lo que es una forma elegante de eludir aclarar si otros miembros de su partido los tienen, o los tuvieron alguna vez, como es el caso del actual vicepresidente de Bolivia. Y en cualquier caso, ¿se han debido estos «contactos» a meras coincidencias? ¿No son en el fondo sino la expresión de algunas de las peores muestras de izquierda indefinida que a menudo encierra el MAS, con sus mezquinos particularismos indigenistas y sus visiones líricas y despegadas de la realidad (la Arcadia indígena), tal y como pudiera suceder ahora con la posible simpatía hacia los «libertadores vascos»?

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Para El Revolucionario esto demuestra que nuestras tesis son acertadas cuando apuntamos la indefinición ideológica del partido del gobierno electo, y cuando vemos que los elementos de derecha política (por cuanto que se atiende a justificar «culturalmente» a los principios revelados indigenistas, como sucedió cuando el señor Morales juzgó su cargo «ante» dioses locales) inseminados en los discursos socialistas de su líder, recuerdan a la metafísica tradicional de apelaciones míticas y arcádicas a un estado primario de la Naturaleza en la que el «hombre puro», en este caso el indígena, vive gracias a la gloria de sus antepasados.

Podemos ver que esa continua invocación a realidades metafísicas o simplemente falaces tiene o puede tener alguna conexión ideológica con la misma apelación de los batasunos separatistas que invocan a su respectiva Arcadia ideal, en su caso un «País Vasco» primigenio encerrado en su burbuja naturalista (vascos rurales, sonrosadas vascas en sus caseríos, danzarines de puntillas al ritmo de una flauta hipnótica y eterna, verdes prados, cielos azules, etc).

Todo ello sin desmerecer, por otra parte, el hecho de que algunas actuaciones de la Real Politik del gobierno constitutivo del MAS puedan ser, o sean realmente, prudentes o razonables a efectos del proyecto reformista, pues lo que remarcamos es cómo los fundamentos idealistas de un partido en apariencia tan ajeno a la formación radical vasca encuentre «puntos de conexión» que en el fondo no son gratuitos ni espontáneos, sino que obedecen a un sustrato común, tan propio como el que ha llevado a ciertos «intelectuales» cubanos a justificar o defender a militantes etarras mientras éstos eran perseguidos por las fuerza de seguridad españolas.

Mucho debería explicar el señor Evo Morales de los contactos del MAS (y aun más, de algunos miembros de su propio gobierno) con Batasuna y, por ende, con ETA, pues es el responsable gubernamental máximo, y no debe existir nunca una sola duda en materia tan espinosa. Sobre todo si pretende (como ha asegurado ya varias veces) que Bolivia experimente una «revolución pacífica y profunda». No sabemos si el pacifismo moralista (el mismo que aplaude manifestaciones de ponchos rojos armados, o instiga a una multitud enfurecida contra el prefecto de Cochabamba) está o no reñido con apegos hacia grupos afines a una banda asesina, pero está claro que se trata de un pacifismo muy sui generis.


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