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Intento de acercamiento a los Demócratas

Bush: «Nada es más importante en este momento de nuestra historia que tener éxito en Oriente Medio»

El Discurso sobre Estado del Unión, ante un congreso Demócrata, podría haber sido peor para el presidente

Miércoles 24 de enero de 2007, por ER. Washington

Jorge Bush ha pasado por el anual Discurso ante el Estado de la Unión ante el Congreso, celebrado el martes 23 por la noche, mejor de lo que se esperaba. Se ha centrado en políticas internas, en las que ha primado la eficacia y el acercamiento al Partido Demócrata, mayoritario en la sala. Al problema que más preocupa, la guerra de Iraq, ha dedicado pocas pero claras palabras: o se vence o la derrota será fatal, y su nueva estrategia es la única disponible.

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Considerar esta estrategia como la única posible justifica lo que muchos consideran la «sordera» de Bush ante el electorado, que votó un Congreso demócrata por el creciente desacuerdo con los movimientos de Bush en Oriente Próximo. Esta «sordera» ante los mecanismos de la democracia formal puede ser necesaria en momentos decisivos para la soberanía de un país, lo que equivale a una refutación por los hechos de la ideología del fundamentalismo democrático. A pesar de ello, la política exterior estadounidense está llamada a cambiar antes de que la estrategia de Bush pudiera ser exitosa, pues presumiblemente aumentar el número de tropas y reorganizar sus operaciones sólo sería fructífero con un plazo más amplio que el impuesto por las elecciones del 2008; un plazo que, por ejemplo, permitiera atacar al régimen iraní, que se beneficia de la inestabilidad en Iraq y sin cuya participación no se entiende el salto cualitativo de la tecnología de los grupos rebeldes, ahora capaces de derribar Helicópteros Black Hawk.

Esta limitación, unida a los fracasos anteriores de los cálculos de la intervención norteamericana en Iraq, hace pensar en que la nueva estrategia de la administración Bush tendría que superar obstáculos casi invencibles. Sin embargo, no están claras las líneas de la oposición Demócrata. Barak Obama compareció tras el Discurso para defender lo mismo que otros demócratas y republicanos que presionan por una retirada de las tropas yanquis de Iraq: la estrategia militar ha de ser sustituida por la política y, cuanto antes se deje de enviar con tropas, antes dejarán las sectas iraquíes de contar con ellas y usarlas para atacarse unas a otras y, por tanto, antes asumirán la responsabilidad de buscar verdaderas soluciones. Bush y los suyos parecen mantener una posición más realista en este punto acerca de la unidad del pueblo iraquí que subyace al discurso de Obama: en la situación actual, no hay agente político que pueda cargar con semejante «responsabilidad» de gobernar Iraq pues ninguno de los grupos en conflicto tiene poder suficiente para ello.

Se podría decir que la estrategia de dividir y vencer ha sido demasiado exitosa, especialmente para un ejército invasor que no pretende instalarse en el territorio invadido sino, supuestamente, «devolver al pueblo iraquí la democracia». No se puede saber todavía si la destrucción política de Iraq que ha supuesto la invasión ha servido otros fines, no menos importantes y menos ideológicos, como puede ser el control de recursos energéticos tan fundamentales para el orden mundial como el petróleo.

A pesar de esta crisis en Iraq y de tratarse de una comparecencia ante un congreso Demócrata, Bush ha logrado no salir demasiado dañado del trance. Para ello ha dedicado la mayor parte de su discurso a políticas internas en las que ha subrayado la eficacia de su ejecutivo y ha buscado terrenos de intersección con políticas Demócratas.

Tras felicitar a Nacy Pelosi como primera presidente femenina del Congreso, Bush ha hablado de reformar el sistema de salud, de alcanzar un acuerdo en inmigración sin «animosidad pero sin amnistía» para los más de 11 millones de inmigrantes ilegales y para prevenir la llegada de nuevos (en principio mediante permisos de trabajo temporal que permitan explotar la mano de obra hispana sin el peligro de asimilar su empuje político), de rebajar el uso del petróleo un 20% en los próximos 10 años, de educación, &c.

Aunque muchos mecanismos reales para éstas propuestas no han sido detalladas por Bush, el Discurso parece que ha convencido más de lo que se esperaba. La CNN retransmitía de inmediato una primera encuesta a televidentes del Discurso: 47% lo encontraron muy positivo, 28% positivo y 17% negativo y el resto no sabe/ no contesta; además, el 53% creyó que el discurso permitiría acuerdos con los demócratas y 43% no. Normalmente la audiencia del Discurso sobre el Estado de la Unión la componen ciudadanos del partido del presidente; no ha sido éste el caso: dada la composición demócrata del Congreso la audiencia se ha repartido entre los dos partidos.

La falta de silbidos por parte del congreso Demócrata ha sorprendido a los analistas como buen comportamiento difícilmente esperable dada la situación. Incluso, aplausos por las dos partes interrumpieron al presidente en su felicitación a Pelosi y sus menciones al cambio climático. Jim Webb, senador ex-marine frontalmente opuesto a la guerra de Iraq, fue el encargado de la respuesta Demócrata y se centró en la situación en Iraq pero también acusó a Bush, en lo relativo a políticas internas, de estar acabando con la clase media norteamericana. Es de esperar que la oportunidad que ha pedido Bush para su nueva estrategia de Iraq no convenza a los Demócratas pero sí a muchos de los Republicanos reticentes.


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