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El Grupo Promacos contra la campaña de Cabrera

Que viva el sopapo

El Pensamiento Alicia nos amarga las Navidades

Viernes 19 de diciembre de 2008, por Grupo Promacos

Quien haya podido contemplar en televisión (se puede ver en youtube ) la llamada «campaña contra el castigo físico infantil» promovida por el Ministerio español de Educación, Política Social y Deporte, habrá comprobado su sorprendente paralelismo, en el caso de que conozca el cuento, con el comienzo de «Alicia en el País de las Maravillas»

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Mercedes Cabrera abrazada a Zapatero
Un dúo aliciesco al margen de la dura realidad del sopapo educativo

Es una animación de dibujo plano que «narra» la caída de un niño a través de una especie de tunel de colores psicodélicos en la que los posibles golpes son oportunamente salvados por unas manos gigantescas que le traen y le llevan sin destino aparente. Debidamente ambientado con una música igualmente naif, tanto el niño como las manos son meramente perfiles en negro, destacando sobre el fondo colorido como unas sombras chinescas. El mensaje escrito con el que finaliza tan siniestro paseo reza: «Tus manos son para proteger. ¡Levanta la mano contra el castigo físico!».

El documento, sellado con la garantía del Consejo de Europa, ha querido ser presentado en coincidencia con el Día Universal de la Infancia, el 20 de noviembre, fecha ya comentada en nuestras páginas.

Pero si traemos a colación este anuncio es por constituir un ejemplar casi puro de la ideología identificada por el filósofo español Gustavo Bueno como «Pensamiento Alicia», ideología que tanto tiene que decir a propósito de este tipo de campañas. Porque ¿a quién puede ir dirigida esta estúpida campaña? ¿Al maltratador pederasta que debe «modificar su conducta» o al padre paciente al que encima le van a quitar la autoridad ante su hijo de siete años con el que ve la tele?

En efecto, en el anuncio, a un individuo infantil flotante, ignorante del lugar al que le llevan sus propios pasos, unas manos le protegen de una caída segura, de la misma forma que los padres, o en general se diría, los mayores, —se supone según este pensamiento que no hay padres e hijos, sino «menores» y «mayores»— deben hacer. Dicho en román paladino, mantener a los niños en su idiocia hasta que la cruda realidad no pueda ser ocultada por más tiempo; tiempo, por cierto, en el que seguramente el joven sea un salvaje imposible de controlar y al que los padres acabarán denunciando ante las autoridades competentes por maltrato, pero eso ya no sale en el anuncio.

«Educa, no pegues», es el lema que se quiere imponer en la España presa del papanatismo europeísta. Y es que introducir semejante bazofia pedagógica en un país católico como España va a ser muy difícil, al menos, no sin lo que el socialfascismo del PSOE denomina eufemísticamente «costes sociales».

España es un país cuya población no degenerada aún por la filosofía espiritualista sabe que los niños reciben en sus primeros años una enseñanza fundamental a través del placer y el dolor del cuerpo, que asocian respectivamente con lo bueno y con lo malo. Porque los españoles podíamos recibir tortas, sí, pero también besos y abrazos. Afortunadamente hasta hace unos años, las familias no habían necesitado de los expertos que les dijeran cómo hay que tratar a los hijos; sin embargo, la sociedad del mercado pletórico, que ecualiza como consumidores tanto a padres como a hijos, tiende a eliminar la autoridad de aquellos sobre estos en vista a su propio sostenimiento con cada vez más productos infantiles. Ello ha modificado la jerarquía familiar hasta el punto de que el niño se ha convertido en un pequeño tirano, si es que los padres no frenan a tiempo este mecanismo. Y todo esto, además, después de que en la llamada «Europa» se están plegando velas por los destrozos personales causados por este sentimentalismo del «educar sin castigar».

Pero Zapatero se ha puesto el primero de la fila para llevar a España por el camino de fracaso ya experimentado en otros países; y lo que parecía una broma cuando salió del Congreso de los Diputados, a saber, que el «cachete» estuviera penado por la ley, ha acabado por ejecutarse en alguna que otra familia.

Estos días España anda revuelta con el caso de una familia de Jaén cuya madre va a ser encarcelada cuarenta y cinco días por pegar un bofetón a su hijo, y es que el pueblo se resiste a tragar con el Pensamiento Alicia.

El Grupo Promacos llama a los españoles a la resistencia y a la lucha contra esta siniestra ideología que quiere hacernos creer que la realidad puede ser un mundo flotante de colores, como la tómbola de Marisol tardofranquista, por cierto.


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