El Revolucionario

Portada > Valoraciones y análisis > Grupo Promacos > Retirar crucifijos para destruir España

¿Pondrán la media luna o quizás la escuadra y el compás de la Masonería?

Retirar crucifijos para destruir España

Una estúpida sentencia de los tribunales sienta un peligroso precedente

Lunes 1ro de diciembre de 2008, por Grupo Promacos

La reciente decisión por parte de un Juzgado vallisoletano, que obligaba al Instituto de Enseñanza Secundaria Macías Picavea a retirar los crucifijos de las aulas, ha puesto nuevamente en primer término de atención los intrincados problemas involucrados por las religiones terciarias en las naciones de nuestro presente en marcha.

JPG - 49.5 KB
Belén navideño
También quieren eliminarlo «en nombre de la democracia» y la «aconfesionalidad»

En este sentido, el gobierno de ZP así como muchos de sus propagandistas en los consabidos medios de comunicación (El País, La Ser, Público, &c.) han venido a celebrar, con mayor o menor entusiasmo, la mencionada sentencia aludiendo, como viene siendo habitual, a las consabidas concepciones laicistas que suelen mantenerse desde la idelogía viscosa de la socialdemocracia aliciana: en un Estado «aconfesional», se razonará, sobran efectivamente los distintivos religiosos católicos (por hipótesis también los musulmanes, los budistas, los vudús, &c.), al menos en los centros «públicos» puesto que tales distintivos, sin perjuicio de ser ciertamente «muy respetables», han de reservarse para el «espacio privado» donde, «en la intimidad de sus corazones», cada ciudadano mantendrá el credo religioso que estime más oportuno.

Sin embargo, y a pesar de la evidencia, indudablemente plausible —al menos para quien se mueva en las posiciones propias del pensamiento Alicia que tiende tan poderosamente a confundir constatemente ocho y ochenta— que emanan tales premisas, resulta que lo cierto es que las religiones terciarias no se dejan reducir con semejante comodidad al «ámbito privado» al que los «laicistas» socialdemócratas pretenden circunscribirlas de modo completamente indocto.

Al contrario: un católico, en su condición de católico, está inexcusablemente obligado a dar testimonio «privada y públicamente» de su fe («id por todas partes y predicad el Evangelio») del mismo modo que, por caso, un musulmán, en cuanto musulmán, estará igualmente obligado a procurar expandir el Islam entre los cafres (esto es: los infieles) mediante el expediente de coranizar en la medida de sus fuerzas, el «espacio público» sea en la estación de Atocha de Madrid, sea, por ejemplo, en el Hotel Taj Majal de Bombay. Y todavía más: ¿cómo dar razón desde los principios «agnósticos» —es decir, en el fondo, creyentes vergonzantes— mantenidos por el gobierno socialfascista de instituciones religiosas terciarias tan importantes como puedan serlo la misa católica, el ramadán musulmán o, sencillamente, las procesiones de la Semana Santa sevillana a la que tan adictos son, al parecer, personajes como puedan serlo Chaves o Alfonso Guerra entre otros «socialistas de toda la vida», sin desbordar con ello los límites de la «intimidad» en la que el «laicismo» de Alicia ha procurado enclaustrar las religiones terciarias de una manera tan confusionaria como subjetivista?. ¿Cree Alicia que las manifestaciones públicas de la fe pueden considerarse ajenas a la fe misma? ¿Es acaso luterano el presidente del gobierno?

Y si las religiones terciarias no pueden, por su propia naturaleza, reducirse en modo alguno a la «privacidad sentimental» de los fieles, todavía menos podrá entenderse la propia estructura (sistasis) de una Sociedad Política como la española, por muy «aconfesional» que se pretenda sobre «el papel» de la Constitución del 78, al margen de toda referencia por mínima que esta sea, a la religión católica que ha venido pautando el desarrollo histórico de España a todo lo largo de su desenvolvimiento secular. De otro modo: ¿cómo hacer justicia, desde las posturas «laicistas» del gobierno, a la curiosa circunstancia de que en un Estado «aconfesional» como el español el calendario laboral público se ajuste milimétricamente a las efemérides sancionadas por el santoral católico romano?, ¿ creen los socialdemócratas que es secillamente casual que los españoles, aunque sean partidarios de la Alianza de Civilizaciones postulada por Alicia, descansen precisamente el domingo y no, por ejemplo, el viernes o el sábado o que se llamen, por ejemplo, Pepe Blanco, José Luis Rodríguez Zapatero o María Teresa Fernández de la Vega en lugar de Mustafá, Mohamed o Fátima?

Desde el Grupo Promacos creemos que tales inconsistencias ponen enteramente de manifiesto lo erróneo de las posturas propias de aquellos que, para decirlo con Laplace, no han sentido la necesidad de incluir a Dios en sus cálculos. Sin perjuicio de nuestro ateísmo esencial, o precisamente por él, nos parece evidente que entonces, tales cálculos están sencillamente equivocados.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando