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En España la política se reduce a comprobar si se apoyan o no determinados dogmas de fe

No somos partidarios

La retórica socialdemócrata es sencillamente repugnante

Viernes 28 de noviembre de 2008, por Grupo Promacos

Las carencias argumentativas de la política española son gravísimas. Todo se reduce a comprobar si, desde una óptica aparente, eres o no partidario de ciertas ideas. Esto sería tolerable en el caso de militantes o simples votantes, y sin ideas tan vulgares probablemente no podrían ser movilizados tantos millones de personas. Pero que las personalidades más importantes y presuntamente más conscientes defiendan las mismas ideas vulgares, nos demuestra que son tan analfabetos como aquellos a quienes pastorean.

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Congreso de los Diputados
Lugar donde se producen auténticos diálogos de besugos

Es muy habitual contemplar en las sesiones de control al gobierno cómo las críticas dialécticas son respondidas con estupidez retórica. Ayer se trató el tema de la petrolera Repsol, a punto de ser fagocitada por la rusa Lukoil, dejándonos en situación de dependencia cada vez mayor respecto a terceros países. El argumento de la oposición ha consistido en afirmar que el gobierno debe hacer valer la legalidad, entre otras cosas, para evitar esa fagocitación. El gobierno, por boca de Rodríguez Zapatero, se ha limitado a decir que no se cree alarmismo y que defendamos, una vez más, la alegría.

Con este formato, estos debates son descritos por los indoctos ciudadanos españoles como en el famoso chiste del vasco del sermón, que al salir de la misa afirmó, tras ser interpelado, que el cura habló del pecado, y de su sermón extrajo la profundísima conclusión: «No es partidario». O quizás provocarían un asco o un escándalo mayúsculos en quienes aborrecen las descalificaciones e insultos con los que se obsequia a los oponentes. Recordemos cómo el socialfascista PSOE denominó a José María Aznar «asesino» a raíz de la Guerra de Iraq, o durante el proceso de negociación con ETA el mismo PSOE despachó argumentos totalmente pertinentes del PP bajo la descalificación de «resentidos» y «opuestos a la paz».

Sin embargo, de estas disidencias e insultos no nos escandalizaremos en el Grupo Promacos. Simplemente las constatamos como propias de la sociedad democrática de mercado pletórico, en la que los partidos políticos, dada su similitud y ecualización, tienen que buscar diferencias que les permitan destacarse ante unos votantes indoctos en cuestiones a veces muy complejas, y que ni siquiera la mayoría de los diputados conocen sin la mediación de especialistas en contabilidad o administración de empresas.

Así, la sociedad capitalista de bienestar, reduciendo la enseñanza al mínimo, con la Constitución o la Educación para la Ciudadanía, consigue mantener en un permanente estado de infantilismo intelectual a la población votante. Infantilismo que, sin embargo, también mantienen los mismos dirigentes que pretenden llevar de la mano a esos votantes, igual que el pastor guía a la masa borreguil hacia el cercado del que sólo debe salir cada cuatro años. Con todo el perjuicio que conlleva para la estabilidad de la nación que gobiernan.

Por lo tanto, desde el Grupo Promacos, no somos partidarios de esta estúpida forma de hacer política, alentada ante todo por el maniqueísmo izquierda-derecha tan propio del socialfascismo, que a costa de intentar reformar el modo de producción capitalista, se ha convertido en su más importante aliado, cuando no de terceras potencias que ponen en peligro a España, como el caso del PSOE. En todo caso, somos partidarios de elevar el nivel de los ciudadanos para que, como mínimo, exista un porcentaje de ellos capaces de entender los programas y propuestas electorales y no dejarse llevar por tan confusos y sectarios intereses partidistas.


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