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En la ciudad de Cochabamba tuvo lugar un congreso con las bases del MAS

El gobierno boliviano sigue ejercitando la ideología indigenista para legitimar su reto económico-social

Los miembros del gobierno hicieron balance de errores pasados y encararon el futuro con optimismo

Martes 9 de enero de 2007, por ER. Cochabamba

Evo Morales vuelve a usar el discurso indigenista en su compromiso de reactivar la economía boliviana para el presente año 2007

Congreso del MAS Aquí, sobre el país más pobre de Sudamérica, y en concreto en la ciudad de Cochabamba, se celebró el pasado viernes un congreso formado por el presidente de la Nación, el señor Evo Morales, 16 de sus ministros, parlamentarios de su partido político, el MAS, y representantes de 44 organizaciones sociales. El objetivo de dicha reunión no ha sido otro que el de deliberar y evaluar los resultados provisionales de la gestión del gobierno dentro de un proyecto, cuanto menos, ambicioso en su plataforma. No en vano, nos encontramos ante las puertas de lo que Morales califica como el año (2007) de la reactivación económica. En declaración pública, el presidente llegó a decir que, mientras 2006 había sido bueno en términos macroeconómicos (para las grandes variables tales como la renta nacional, o la balanza comercial), 2007 ha de serlo para la microeconomía (el entramado de producción y distribución de los bienes y servicios nacionales, según el sistema de precios). Declaración que, sin duda, encierra la evidencia de que los grandes problemas de Bolivia aún están sin resolver respecto la distribución de los recursos, el nivel de empleo, la renta per capita, &c.

Tras un crecimiento del 3% en el año pasado (bueno pero no suficiente para reactivar el empleo o reducir la pobreza), la principal meta del gobierno moralista se dirige a su estimuladora progresión de las nacionalizaciones de sectores básicos de la economía boliviana. Habitualmente condicionada a las exportaciones de gas natural, Bolivia afrenta el reto (ahora que comienza este nuevo año) de asentar un crecimiento que vaya más allá del victimismo indigenista – falso en cuanto a la conservación de un estado primordial donde el salvaje siga siéndolo solo porque ya lo fueron sus antepasados- el populismo mimético de tantos otros «libertadores» de la patria, tan comunes por estos lares, y el carisma mediático de un líder cuya fama nacionalizadora va pareja con la de sus apariciones públicas con jerseys de lana gruesa. Sin embargo, las declaraciones de Cochabamba dejan serias dudas al respecto.

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Evo Morales

Así, sabedor (ante su partido) de ese mismo papel mediático, y en respuesta a las críticas que esta reunión ha despertado en sectores de la oposición, y especialmente en su líder, Jorge Quiroga, el señor Morales declaró lo siguiente: «esto no es un show de de Evo Morales porque nosotros rendimos cuentas al pueblo, a los sectores más vilipendiados de la Historia como son los indígenas y originarios». De nuevo vemos que la política funcional del actual gobierno, tras sus prometedoras nacionalizaciones para la eutaxia estatal (y en contra de la posible depredación neoliberal extranjera), se apoya de continuo en estas supuestas demandas históricas que no hacen sino provocar más que serias dudas respecto a la solvencia definitiva de su política. Esperemos que la Real Politik se anteponga al pensamiento quechua, aymara, movima o tacana, por decir algunos. Así, el congreso de Cochabamba, si bien es la toma de partido de la responsabilidad de seguir con el proyecto revolucionario (en su política nacionalizadora, en sectores como los hidrocarburos), siembra, a nuestro juicio, las semillas de una serie de incertidumbres que convierten a Evo Morales y a su programa en un dilema eventual.

No se trata, obviamente, de negar que políticas anteriores a las de Morales tuvieran completamente marginados a los indígenas, sino de denunciar la otra cara del particularismo: patentizar los valores indígenas como buenos o loables, en vez de como instituciones propias del salvajismo que han de ser trituradas para elevar a sus adeptos a la condición de personas propias de la Civilización: o sea, que lo correcto es que los hijos de los indígenas tengan pleno derecho a ir a la escuela, el instituto, etc., más que tengan derecho a adorar a deidades inexistentes propias de estadios arcaicos de la religión. Mantener el statu quo del indígena es tanto como mantenerlo en su condición de salvaje con un mapamundi mítico incompatible con las ciencias positivas y la filosofía racionalista de origen helénico. Precisamente, si la figura de la nación política ligada a la función izquierda consiste, entre otras cosas, en una refundición de las naciones étnicas de una determinada sociedad en un único cuerpo nacional, las políticas orientadas a preservar los particularismos indigenistas serán incompatibles con la función izquierda en general, y con el supuesto de una virtual séptima generación de izquierda futura en particular.

De ese modo, probablemente el dilema fundamental consista en saber si puede existir una correspondencia entre lo que se pretende y las formas de llevarlo a cabo; o dicho de otro modo, si el finis operantis se corresponde con el finis operis de la política de Morales. En consecuencia, la duda crítica se encuentra en que una política socialista racional de administración de los recursos que persiga el desarrollo de las infraestructuras de un país atrasado como Bolivia, no puede, bajo ningún concepto, apoyarse en ninguna clase de indigenismo dentro del Estado. El dilema Morales es, por tanto, el de si será capaz su gobierno de materializar los compromisos adquiridos, reflotando el empleo y desarrollando las infraestructuras patrias, cuando el discurso subyacente que dimana de su «Pensamiento Pocahontas» (así habremos de llamarlo, de forma coloquial, respecto al entramado ideológico que base sus exigencias en «mantener» un statu quo para los salvajes en virtud de la antigüedad de sus antepasados, o en otras formas míticas para nada compatibles con un socialismo racional) hunde sus raíces en una completa y aberrante farsa indigenista, contraria a un modelo adecuado de desarrollo para el futuro. ¿Hasta qué punto la política real de Morales se identificará con su ideología? Seguiremos observando la realidad de dichas políticas y el rumbo que toman en lo sucesivo.


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