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Rouco entrevistado esta semana en la COPE

La Iglesia española no acierta en su crítica a la Educación para la Ciudadanía

Dice que la EpC no es compatible con la Constitución

Lunes 10 de noviembre de 2008, por Grupo Promacos

El inútil argumento del «derecho de los padres a elegir» ha vuelto a ser utilizado en contra de la asignatura «Educación para la Ciudadanía» por uno de sus públicos opositores. El Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, no ha podido encontrar mejor aliado en su defensa de la libertad en la educación que la Constitución española, ese texto que, como ya es sabido, ampara todo aquello que se le quiera endosar, tal es su perniciosa ambigüedad.

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El Cardenal Rouco Varela
Para la Iglesia católica ni el liberalismo, ni el socialfascismo ni el fundamentalismo democrático son ya pecado

Rouco se equivoca. En primer lugar, porque aunque la Constitución diga que los padres tienen derecho a elegir la educación moral y religiosa de sus hijos, cualquiera que use dicho expediente contra la EpC es porque está suponiendo gratuitamente que los padres van a estar en contra de dicha asignatura, sin contemplar si quiera lo peor que encierra semejante «libertad», a saber, la posible introducción de «novedades» morales y religiosas en España propias de culturas bárbaras, que ya vemos cómo se van extendiendo en virtud de ese «derecho a elegir». ¿No le basta a Rouco para saber qué opinan las familias españolas el resultado de las elecciones generales que han dado la victoria a Zapatero?

Pero es que, además, el argumento es cobarde, al no presentar más que una débil defensa formalista, en lugar de un ataque a los contenidos concretos que desde la perspectiva emic de Rouco están poniendo en peligro la moral católica... que se podrán decir, si es que las autoridades eclesiásticas no quieren renunciar a su apostolado. Y en lugar de esto, de aquello que puede ser justificado desde esta asignatura y encuentra más atentatorio a la moral, a saber, el «matrimonio gay», nos dice Rouco que se debería haber llevado a un referéndum. Según palabras textuales del Cardenal, dicho referendum «ayudaría a conocer mejor la realidad profunda de la conciencia y de los aspectos mas decisivos en la vida de los españoles».

Insistimos, ¿no está la «realidad profunda de la conciencia» de los españoles retratada en el voto mayoritario a ZP? Es una lástima que la venerable Institución se haya dejado llevar por el democratismo sin calibrar suficientemente que se encontraría en las mismas si ese referéndum hubiese obtenido un resultado positivo para el «nuevo» matrimonio.

La Iglesia española se halla, pues, aquejada del fundamentalismo democrático que precisamente nos ha llevado a la instauración de la dichosa asignatura.

Desde el Grupo Promacos habría que recordarle que Platón nos ha legado a la tradición racionalista universal la primera cosa que hay que decir contra la asignatura de marras, a saber, que no hay ni puede haber maestros de virtud ciudadana. La ciudadanía se obtiene simplemente por nacer en la patria o «naturalizarse» en ella. La fuerza de obligar de las leyes ha venido siendo el mecanismo por el que las nuevas generaciones se incorporaban a la sociedad y si esta incorporación parece que hoy resulta tan difícil, no es posible que con una hora a la semana de catequesis constitucional, aun sin matrimonio homosexual, se solucione.


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