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No caben indígenas en una Venezuela unida

Qué hacer con los «indígenas» en el Partido Socialista Unido de Venezuela

La Constitución de 1999 es incompatible con un socialismo revolucionario

Lunes 8 de enero de 2007, por ER. Caracas

José Poyo, presidente del Parlamento Indígena por Venezuela, ejemplo de víctima y agente de la perniciosa ideología del indigenismo

El Blog no oficial del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, órgano oficioso provisional del nuevo partido oficialista en constitución, anunciado por el presidente Chávez como transformación por unificación del Movimiento Quinta República, MVR, se congratula ofreciendo la noticia de que «Sectores indígenas ratifican apoyo a la creación de PSUV»:

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José Poyo Cascante
Diputado venezolano de cultura hispana que ejerce de indígena

«Según indicó el presidente del Parlamento Indígena por Venezuela, José Poyo, la inclusión de los sectores indígenas a la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) cuenta con el apoyo de todos los sectores indígenas que hacen vida en el país y que están representados por el Consejo Nacional Indígena de Venezuela (Conive). De acuerdo a lo planteado por Poyo, los pueblos indígenas han logrado colocarse dentro del panorama político y social del país como nunca antes, ’la exclusión y casi exterminación de nuestra cultura, a la que fuimos sometidos por casi 40 años, comenzó a cambiar desde el momento en que el Presidente de la República reconoció nuestra importancia como pueblo y comunidad.’ Explicó que ’los espacios a los que han accedido los indígenas estaban vetados en un principio, pero ya somos parte del acontecer social, político, educativo y cultural de este país’. En lo referente a la conformación del PSUV, Poyo expresó: ’Nuestro papel será de vital importancia, pues nuestro modelo de convivencia indígena se adapta perfectamente a los esquemas del socialismo.’»

Esta noticia es coherente con la confusa ideología que sufre la Venezuela de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 pero incompatible con cualquier pretensión bolivariana y revolucionaria propia del siglo XXI.

Venezuela no podrá ser verdaderamente una Nación política mientras no se lleve a cabo la holización efectiva de todos sus ciudadanos, mientras se mantengan elementos diferenciales propios del Antiguo Régimen, de teocracias y de situaciones neocoloniales. Es absolutamente imprescindible romper las divisiones raciales y racistas entre los venezolanos: deben desaparecer los «indígenas», pero no mediante su eliminación, genocidio o reclusión en una «reserva» como apestados, sino por su integración efectiva al caudal de la ciudadanía venezolana única y unida.

De hecho, se hace necesario principalmente extirpar la perniciosa ideología, promovida sobre todo por el paternalismo interesado de antropólogos y de misioneros, al servicio de los elementos más contra revolucionarios, que defiende el mantenimiento de la condición de «indígena». Es necesario extirpar de una vez por todas, mediante el combate de las ideas, la peligrosa ideología del «indigenismo». Un indigenismo que, para mantenerse y perpetuarse, tiene que empezar por inventarse unos «indígenas» de papel.

¿Qué tiene de «indígena» un ciudadano venezolano como José Poyo, que piensa, habla y escribe en español, y que está integrado en estructuras políticas que nada tienen de «indígenas», sino que se corresponden con las que requiere un Estado como Venezuela?

Resulta conmovedora la irresponsable ingenuidad con que José Poyo asegura que «nuestro modelo de convivencia indígena se adapta perfectamente a los esquemas del socialismo». ¿Qué tiene que ver una «comunidad primitiva» de bienes, el «comunismo» de una reducción jesuítica, o el teocrático «socialismo islámico» añorado por Teodoro Darnott, con un socialismo revolucionario de ciudadanos libres y soberanos?

El ciudadano y diputado José Poyo Cascante, que sólo ejerce de «indígena» para mantenerse en los cargos que ocupa, ¿no se dará cuenta de que sólo desde una cultura envolvente potente e internacional, como lo es la cultura que utiliza la lengua española, puede llegar a entenderse con otros supuestos «indígenas» americanos?

Sin ir más lejos, José Poyo escribe en español, porque el español es su lengua, como hispánica es su cultura, un artículo con ocasión de la victoria de Evo Morales, titulado «Se inicia una nueva era para los indígenas de América». Y en español están pensadas las estúpidas categorías ideológicas que inundan el primer párrafo de ese artículo, ejemplo magnífico de la peligrosa y suicida confusión de ideas (ninguna, por supuesto, «indígena») que le impiden progresar más allá de sus lamentos o de sus bravatas:

«Con el ascenso de Evo Morales, líder Aymara, a la Primera Magistratura de la hermana República de Bolivia, se inicia una nueva era para los Pueblos Indígenas de América y se termina la oprobiosa usurpación y dominación de los gobernantes agentes de la Colonia de la Corona española y los muy recientes títeres del imperialismo norteamericano en aquel país, tierra del martirizado Tupaj Katari, Liberado por el Libertador Simón Bolívar y José Antonio de Sucre y donde el Che Guevara derramó su sangre por la dignidad y liberación del Pueblo Latinoamericano.»

¿Eran acaso «indígenas» Simón Bolívar, Sucre o el Che Guevara? ¿Pudo algún «indígena» en algún momento saber lo que era «América» —continente que no se pudo definir hasta que no fue descubierto y comprendido como tal por el imperialismo español— o pudo algún «indígena» barruntar siquiera que la categoría de «pueblo latinoamericano» no es más que un intento del imperialismo francés por ocupar el espacio dejado por el Imperio español, una vez comenzada su definitiva transformación en las Repúblicas Americanas?

José Poyo y el resto de adalides «indígenas» bastante tienen que hacer para lograr romper efectivamente la situación de marginación económica y cultural en la que desde hace dos siglos, desde que existe la Nación política venezolana, se mantienen esos grupos humanos realmente existentes que ellos representan. Pero mientras se conformen con los lamentos de la ideología basura en la que están inmersos, no estarán más que condenando a sus defendidos a permanecer en la sumisión propia de la reserva de indígenas, de hombres que aún no son personas.

Dicho claramente, no cabe un Partido Socialista Unido de Venezuela donde quepa diferenciar «indígenas», pues querrá decir que esos presuntos «indígenas» no están unidos al resto de los ciudadanos venezolanos, que no forman parte de la Nación política venezolana. Hay que elevar a los «indígenas» a la condición de venezolanos, no sólo de pleno derecho formal constitucional, sino de ciudadanos indiscernibles de hecho respecto de sus compatriotas. Hay que arrinconar la categoría «indígenas» como propia de un pasado que hay que hacer añicos, mejor antes que después.


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